Everything but temptation

diciembre 31, 2009

Consumir preferentemente…

Filed under: vida — Etiquetas: , , , , , , , , — mytemptation @ 3:20 pm

Ayer renové mi pasaporte caducado hace meses. A lo mejor era mi petición oficial a los Reyes Magos, ya sabéis: yo pongo el pasaporte y ellos el viaje. O tal vez solo quería mantener la ilusión de un posible viaje lejano, una lejana ilusión.

Al abrir mi nuevo documento leí que la fecha de caducidad es el 30 de diciembre de 2019, casi ná. Ponen en mis manos justo al inicio de año (de una década) un libro en blanco que me servirá para los diez siguientes. Seré yo mismo el que pueda ir rellenándolo con visados exóticos, viajes paradisíacos, recuerdos viajados. Diez años tengo para completarlo o dejarlo vacío porque lo que de verdad importaba lo tenía cerca…

Que será, será. Es esta sociedad a la que en todo ponemos fecha de caducidad, que si los yogures, los medicamentos, hasta los condones. O quién no ha oído esa expresión -‘no les doy ni tres meses…’-.Y así con la tontería del fin de año y lo que está por venir me ha dado por pensar en que también llegará mi fecha de caducidad. Me convertiré en aburrido, asexual, agilipollao’ o tal vez las tres, o alguna otra cosa que comience por a.

Como veo que la cuestión es darse prisa, me he guardado el pasaporte en el bolsillo y he viajado, de momento, hasta el centro de Madrid para empezar con unas copas, y lo que venga. Aquí ando celebrando que tengo todo un año por descubrir, y si alguien me quiere sorprender lo tengo todo preparado en el bolsillo, a un lado el pasaporte y al otro un par de condones…

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octubre 4, 2008

Viejos viajes

Filed under: sentimientos — Etiquetas: , , , , , , , , , , , , — mytemptation @ 2:26 pm

El sol engañaba esta mañana y, por un momento, pareció despertar recuerdos del reciente veranito. Parecía que las terrazas fueran a estar esperándome y que bastaba con ponerme unos bermudas para completar la foto, pero fue efímero como lo es el bronceado ya desaparecido en nuestra piel o nuestros amores de verano. Ya sólo nos quedan las fotos y los recuerdos. Si a alguien aún no se ha enterado de que estuve en Florencia y la Toscana por extensión, nunca lo sabrá, es un tema quemado, y ya olvidado incluso por los que estuvimos allí.

O tal vez no, la chispa saltó porque hoy me han devuelto una guía de viaje de la Toscana y a modo de resorte su portada en grandes letras me ha inundado con un torrente de recuerdos. Tal y como sucede en la foto, de una bruma han comenzado a emerger recuerdos y en silencio me he sonreído mientras una sensación de placer ha cosquilleado en mis entrañas.

No me gusta esta vida de rutinas donde muchos de mis placeres se acumulan en viejos álbumes de fotos o más recientemente en forma de tarjeta de memoria de mi cámara digital, y que luego aparcaremos para siempre. Pero, al parecer, hoy he encontrado algo diferente que ha disparado esos recuerdos aunque haya sido por un instante.

Ahora la guía de viajes ya está en el estante junto a otras guías llenas de polvo. Sólo será hasta que alguien me pida que le preste una de ellas. Y en ese momento me acercaré a la estantería, toquetearé los lomos de los libros hasta encontrar el correcto. Y una vez allí disfrutaré de ese instante mágico de recuerdo aunque dure lo mismo que sacudirme la mano por el pantalón para deshacerme del viejo polvo acumulado en los libros. Lo dicho, aún estáis a tiempo para pedirme algún libro.

septiembre 28, 2008

Próximo destino, Amsterdam

Filed under: vida — Etiquetas: , , , , , , , , , — mytemptation @ 7:56 pm

Todo surgió hace un par de meses por el siguiente titular: en los bares de Holanda no se podrá fumar tabaco, pero sí marihuana (?). Se da la ironía de que en los coffee-shops los dueños tendrán que pedir a quienes fumen marihuana mezclada con tabaco que abandonen el local o cambien sus canutos por el cannabis en estado puro. Se teme que el 28% de los holandeses (más turistas) que fuma actualmente se pasen del tabaco a la marihuana pues mientras se consuma en alguno de los 750 coffee-shops autorizados y se mezcle con otras hierbas en lugar de tabaco no tendrá que someterse a esta regulación. Y digo yo, ¿cuándo lo verán nuestros ojos en España?

Ahí queda la noticia y aquí entra lo personal, lo que hubiera podido ser un arranque de otoño perfecto se convirtió en algo muy diferente. Me explico, sms: llamam cuando puedas pa ver vuelos. Y yo emocionado, el móvil no había identificado al mensajero pero yo lo tenía claro con tan pocas palabras, me iba a Amsterdam. Hacía unos días había hablado con un amigo de mis ganas de conocer Holanda, y él se ofreció a acompañarme.

A la semana recibo el mencionado mensajito, me emociono, casi lloro y se lo comento a todos los que me rodean: ¡Me voy a Amsterdam! Pero había algo raro no en el lenguaje del sms si no en el momento, la hora, no sé. Vuelvo al móvil, releo el mensaje ahora sí, remitente… mi jefa, la semana que viene por trabajo me manda pa´Bilbao. Mi gozo en un pozo, a los mismos que comenté con entusiasmo mis planes les tuve que rectificar el despiste con voz de decepción.

Así que sigo a la espera, si alguno conocéis Amsterdam pues se agradecen consejos y si alguno se apunta que me lo diga, pero a la cara, porque yo voy.

septiembre 26, 2008

Relato: una promesa en Florencia

Filed under: Relatos — Etiquetas: , , , , , , , , , , , , — mytemptation @ 11:29 pm

Dice la tradición que en tu visita a Florencia basta con cerrar el candado sobre el Ponte Vecchio y arrojar la llave al río para que una pareja permanezca unida para siempre.

Un par de meses antes y 2.000 kilómetros alejado aún de Florencia me encontraba solo en mi ciudad. Acababa de reservar el viaje, el primero que haría solo en mi vida y necesitaba, realmente necesitaba, atarme a algo, sentirme movido por una promesa.

Me dirigí a la ferretería y pregunté por un simple candado, el anciano que me atendía respondió que si de combinación o de llave, opté sin dudarlo por el último. Lo tomé en mis manos y pude sentir el frío metal, sería la última vez que fuera así porque de inmediato lo colgué de la cadena de oro que rodeaba mi cuello, llave incluida. Comenzó a templarse y desde entonces formó parte de mí como si fuéramos uno.

Aún tenía semanas para encontrar esa persona especial, o quién sabe los cinco días en Florencia podría fructificar en algo tan bonito como una promesa, un candado y una llave arrojada al río. Y sin embargo no fue así. Con la ayuda de mi agenda busqué, y busqué, y no encontré. En esos dos meses previos no pude evitar tirar con fuerza de mi cadenita cada vez que una cena o unas cervezas en buena compañía quedaban en eso mismo, en tan solo buena compañía. No pudo ser ni el alcohol ayudó, ni la agenda dio más de sí.

Ya en el aeropuerto preparado para iniciar el viaje saqué el candado, lo tomé fuertemente y lo mantuve agarrado todo el vuelo así. Al aterrizar tenía una marca roja sobre mi mano. La misma mano que me ayudó a inmortalizar con la cámara de fotos cada uno de los rincones de esa maravillosa ciudad, crucé el Arno varias veces pero nunca por el Ponte Vecchio. Lo reservaba para el final para que pudiéramos ser dos al atravesarlo.

Hasta que llegó la última noche, era tarde y decidí pasear por la ribera del río para aproximarme, no tenía pérdida bastaba con seguir a los turistas de la noche cruzando el río camino de vuelta a sus hoteles. La música envolvía la calle, algún artista callejero amenizaba el lugar con notas de románticas canciones.

En medio del puente una pareja entre besos se esforzaba por fotografiarse juntos, por señas me ofrecí a ayudar con la foto. Ambos sonrieron y me ofrecieron la cámara de la que también colgaba la funda, me alejé unos pasos y saltó el flash, una y dos veces. No cruzamos palabra alguna, les devolví su cámara y me alejé llorando.

De repente oí unos tacones atropellados. Era ella y mostraba el candado, y su llave, que yo había depositado previamente en la funda de la cámara. En la distancia me encogí de hombros mientras negaba con la cabeza haciendo ver que no era mío. Ella detuvo su paso, miró con extrañeza y terminó por dar la vuelta. No hubo necesidad de dar más explicaciones aunque pude observar cómo una sonrisa de complicidad asomaba al retornar junto a su pareja. Me topé con el músico y deposité unas monedas. La música envolvió de nuevo el Arno, y yo di por cumplida mi promesa.

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