Everything but temptation

abril 23, 2009

Mi dragón (el día de san Jorge)

Filed under: vida — Etiquetas: , , , , , , , , , , , — mytemptation @ 9:59 pm

 

Dice la leyenda que vencí a un dragón y me premiaron con una damisela… Puede que al cabo del tiempo la historia se haya modificado algo, que a quien tenga que vencer sea a ese dragón (llamado tedio o rutina) para ganarme un príncipe del reino de Chueca rodeado de alcohol y copas este mismo finde, para qué esperar… Como buen caballero que se digne, al menos, lo intentaré.

 

tierno

 

Dice la leyenda que herido de muerte el dragón derramó su sangre y entonces brotó de ese lugar un rosal de hermosas flores y hojas… No confío en dejar en nadie ese halo tan mágico pero según el calendario hoy soy un santo, me comportaré como tal y me abstendré de calenturientos pensamientos.

Despreciaré por un día cualquier guiño o lance y hasta trataré de domesticar mi espada siempre dispuesta a ser desenvainada. Hoy como santo sólo puedo elegir entre un libro o una rosa. Creedme me siento afortunado pero, ains, me dejaría regalar lo que sea mientras fuera en forma de susurro al oído…

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abril 2, 2009

Libro y beso

Filed under: sentimientos, vida — Etiquetas: , , , , , , , , , , , — mytemptation @ 8:17 am

El día de mi santo existe una extendida tradición de regalar e intercambiarse un libro y una rosa, cita para la que apenas faltan veinte días.

Ayer a media tarde quedé, para llenar la espera antes de juntarnos saqué mi libro y me dediqué a leer unos minutos porque me relaja, porque evade mi mente… El resto de la tarde lo destiné a llenarme de impresiones de la otra persona, y por qué no a llenar el estómago.

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A la hora del regreso nos detuvo una extraña imagen, había un libro en el suelo, nuevecito del que sobresalía un marcalibros. Al alzar la vista descubrimos al pie una pareja besándose con ternura en la penumbra de la calle. Mientras sus caras se llenaban de sombras el lomo del libro relucía en el suelo.

Mi compañía expresó en voz alta que su primera reacción fue amagar con recoger el libro, yo pensaba para mí en que me hubiera quedado allí retratando con una cámara de fotos ese momento, y quién sabe si incluso queriendo ser el protagonista…

Nuestros pasos ya nos acercaban al final de la noche y mis manos tanteaban el libro que leía, ahora en mi bolsillo. En mi imaginación ya sólo pensaba que la foto era posible: tomar el libro y mostrarlo para a continuación dejarlo caer para que la noche hiciera el resto…

Como sucede en los cuentos la historia no acaba como todos deseáramos. Hubo besos sí, dos pero en las mejillas. Hubo libro, también, entre mis manos y confundido.

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