Everything but temptation

julio 18, 2010

La prueba del algodón: the marshmallow test

Filed under: vida — Etiquetas: , , , , , , — mytemptation @ 1:04 pm

Todos hemos practicado la típica quedada en la que se invita a alguien a ver una peli a solas cuando el propósito es otro bien distinto: atraer a alguien a tu terreno cuanto más próximo a tu cama o sofá mejor.

De no aguantar a que llegue tan siquiera el título de la peli dejaría a las claras lo que buscábamos, acción, y no precisamente en la pantalla. Vamos que somos de los que nos dejamos llevar por el típico calentón.

Aunque existe otra alternativa. La de la compañía de alguien más que agradable, su cercanía, el leve contacto con su piel acurrucados en un sofá, en una palabra el calor del otro durante una hora y pico. Es seguro que al final de la peli un simple beso sepa distinto, que nos sepa a mucho…

En los años sesenta un grupo de científicos hizo un experimento con niños de cuatro años. Se les presentaba una apetitosa golosina frente a sus narices junto al siguiente reto. ‘Te dejo a solas, si a mi vuelta (20 minutos) la golosina sigue ahí te premiaré con otra’. Lo que sucede durante esos veinte minutos lo podéis apreciar en el vídeo, sufrimiento.

Los científicos fueron más allá, y siguieron las vidas de los niños hasta la adolescencia para argumentar que aquéllos que supieron esperar demostraban mejor inteligencia emocional, mejores habilidades sociales, mayor tolerancia a la frustración… Vamos que el saber esperar tiene sus frutos y puede que diga mucho de nosotros mismos.

Parece que estamos olvidando eso de ‘saber esperar’ que vamos a lo mediato, a lo impulsivo. Que olvidamos que se puede disfrutar con lo sencillo. Yo mismo me puse a prueba el finde pasado. Esperé (y desperé) pero sin duda el beso con el que cerramos la peli fue de película, y también lo que hubo después…

marzo 8, 2009

Lo que pasó, pasó

Filed under: sentimientos — Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , — mytemptation @ 10:59 pm

 

Es la segunda vez, en poco tiempo, que tengo que utilizar con alguien una expresión que en mi modesta opinión es muy acertada y que para mí resume (y llena) ciertos episodios de mi vida: lo que pasó, pasó (entre tú y yo, continuaba la canción…).

gato

Si acabo con alguien una noche en la cama es ley de vida, pues disfruto con el sexo, de los sabores de otros, de sus sudores y del mío, de la pasión y entrega. Luego no caben arrepentimientos, ni explicaciones, ni meras frases que sólo contienen palabras: que si el alcohol, que si el calor del momento, que si la luna y las estrellas, que si la noche que me confunde… Son palabras vacuas que no aportan nada. La realidad está y estará ahí, escrita indeleble en forma de recuerdo y pasado, para los dos. Quisiéramos, o no, ya no se puede cambiar. Forma parte de nuestras vidas, de las de los dos, para bien, o para mal.

Mirad, puede que (como muchos otros) tenga para con ciertas personas que me atraen comportamientos impulsivos o compulsivos, que ya ni sé. Me tira el morbo, como a otros miles, me ponen (y cómo) los retos y, a veces, hasta me llevo el premio a casa pero no tratemos de tergiversar con palabras (ni engañarnos). Hay ocasiones en que dos cuerpos unidos demuestran por breve espacio de tiempo que el momento merecía la pena. Me quedo con eso, con amar con pasión olvidando por un instante al resto del mundo… Y para el día después sólo me cabe repetir lo mismo: lo que pasó, pasó…

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