Everything but temptation

octubre 23, 2011

Calzoncillos

Filed under: Sin categoría — Etiquetas: , , , , , , , , , , — mytemptation @ 12:17 pm

Creo firmemente que mi última frontera en la adolescencia por superar fue la de poder decidir qué ropa vestía uno mismo, no fue hasta los veinti… (antes la adolescencia se alargaba mucho). Ahora ticket regalo y descambiar son palabras que hasta los más niños saben conjugar.
Recuerdo que en casa me sobretallaban en un par de tallas, todo lo que vestía tenía un cierto aire de saco y no fue hasta mucho más tarde cuando descubrí que mi verdadero tallaje no tenía nada de XL.
Antes la ley no escrita es que las madres nos eligieran al comprar la ropa, si éramos varios hermanos el modelo de los domingos era la misma composición en dos tamaños el mío y el mini (por mi hermano menor), dos gotas de agua que poco entendían de moda y que lo que buscaban nada más salir a la calle era ensuciarse mientras jugábamos. Si la economía familiar no era pudiente los niños pronto aprendían la más terrible de las palabras, una que era de mayores: heredar.
Parece que la última barrera que hemos cruzado sobre la generación anterior es la de la compra de nuestros propios gayumbos, antes “los hombres vestían Abanderado porque las mujeres compraban Abanderado”, y la publicidad nos convencía de ello.

Hemos pasado de la moda íntima para hombre Abanderado a la moda pública del calzón al aire donde formas y colores se airean sin ningún pudor. Claro que la moda siempre consistió (y consistirá) en romper moldes sobre el pasado. Sucede que los límites están cada vez más a flor de piel, vamos que cada vez la cosa consiste en insinuar, qué digo en ver quién enseña un poquito más.

Nuestra silenciosa revolución ha sido para los hombres la compra de su propios calzoncillos y como suele suceder la hemos llevado al extremo, los compramos y lo reivindicamos en público a todas horas. Será que nos hacemos modernos (aún más).

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julio 2, 2009

Que me toque, lo que sea pero que me toque

Filed under: vida — Etiquetas: , , , , , , , , , , — mytemptation @ 9:24 pm

Intento hacer una escapada nocturna a bares de moda en un lugar de la costa con la intención de llevarme algo para el cuerpo ,y no precisamente la pajita de la que sorbo mi combinado. Pasan las canciones y los minutos cuando ya voy por lo que creo que es la tercera copa de ron. Aún mantengo la cuenta con lo que supongo que voy mejor de lo que creía.

La noche se hace complicada yo que quiero que me toquen y parezco hacerme invisible al resto. Esta noche no sirven de nada las canciones que no animan a arrejuntarse así que me dirijo directamente a la barra. Me parece que unos hielos fríos serán mi única compañía al tacto. Mientras pago la… penúltima copa me dan unas papeletas para un sorteo posterior.

playa

Mi humor va evolucionando al igual que mi contenido etílico en sangre, son las cinco y media de la mañana y ya sólo me rodeo de la sección de oportunidades de un gran almacén. Productos con algún tipo de tara (o muchas taras y tarados) que el alcohol sabe dulcificar. No me dejo engañar por espejismos de luces y alcohol y me encamino a la puerta cuando desde megafonía anuncian que comienza el sorteo.

‘¡Las putas papeletas!’, sobre el fondo de un escenario van cantando números como si fuera el sorteo del gordo de navidad. Yo, mientras, rebusco entre mis bolsillos los números con la promesa que llevaba en la cabeza de que algo me tenía que tocar, aunque no esperaba esto. Veo aparecer el 68 sobreimpresionado en una pantalla. Al tiempo saco mis boletos el 69 y 68 para cuando quiero alzar la voz (que no sale de primeras) han pasado a otro número al no reclamar el mío. Mi compañero de al lado se lleva el premio.

Aguardo a que acaben de sortear el resto de regalos con la esperanza de que el 69 sea definitivamente mi número. Ni pa’trás, el sorteo ha finalizado. Salgo del local al tiempo que lo hace quien me ha robado el regalo, a la luz del día compruebo que es una magnífica… tostadora. ‘Alguien que se lleva algo caliente pa’casa’ me da por pensar con algo de frío, y haciendo eses, mientras tiro para dormirla hasta el día siguiente.

mayo 26, 2009

Heredar ropa

Filed under: vida — Etiquetas: , , , , , — mytemptation @ 8:33 pm

Es curioso cómo hay costumbres que han ido desapareciendo de mi vida. Una de ellas, heredar la ropa. Recuerdo que de niño había un absoluto mercado en la familia para las ropas con las que vestir a los pequeños. La familia crecía y los modelos textiles se heredaban. El frío invierno nos hacía repetir enormes jerseys de lana, hechos a mano, y pantalones que jamás reconocería haber vestido. Hasta recuerdo combinaciones imposibles con unos calcetines rojos que nunca acabaron de encajar con nada de lo que llevaba puesto… Supongo que es por eso que desarrollé ciertas reglas básicas para combinar colores y demás, a fuerza de sufrirlos.

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Hoy he encontrado un par de fotos del pasado, ya decoloradas con los años, recuerdo la vestimenta pero no sé decir si se trata de mí. En este mundo poblado de zaras y similares esa costumbre ha desaparecido a mis ojos. Supongo que un concepto más racional de moda y un concepto de familia más reducido han hechos los restos.

Ahora soy yo el que se preocupa de reciclar la ropa en esos contenedores de la calle, confiando en que sirva de algo. Es el retrato de nuestra vida moderna, ya sabéis: para todo lo demás Mastercard…

febrero 16, 2009

Vestirse o vestir la cama

Filed under: sentimientos, vida — Etiquetas: , , , , , , , , , , — mytemptation @ 10:37 pm

 

El día después de san valentín es san faustino creo que es ése del infausto recuerdo (por si no te ha caído nada) y como a ambos días una marca invisible separa mis dos historias. Faustino es mi santo desde hace años, así que a falta de algo material lo que hago es llenarme de recuerdos el día posterior, aunque desconozco si tan infaustos, o infaustinos…

cama

Uno mima su ropa con el mayor de los cuidados, ‘¿tú sabes lo que vale esa camiseta?’, la aparto de mis manos… Dobla con sumo cuidado todo, incluidos los slips coloristas que guarda en un aparte especial de la maleta, es que se va, se despide ya…. ‘Mi madre me compra toda la ropa que tengo’, yo descubro grandes marcas, no sé si tal vez por la marca en sí pero tengo claro lo grande del esfuerzo (laboral y monetario) que cuesta vestirlas.

El otro dejó sus estudios a los dieciséis y viste un montón de capas donde no alcanza mi vista (ni mi tacto), no tengo frases especiales suyas en mi memoria… Bueno sí sólo una, una imagen para mí ya imborrable, él haciendo mi cama antes de iniciar distintos caminos cada mañana. La primera vez me quedé sin palabras, creo que ha sido mi primera muestra de asombro este año. Ni lo pedí, ni tan si quiera lo comenté, un acto gratuito de vestir mi cama que para dice mucho más de la persona que una larga lista de grandes marcas de moda. Y hay más, cada mañana me sigo sorprendiendo con el mismo acto… aún no le he dado las gracias.

diciembre 2, 2008

Qué cojones tienen los calzoncillos del H&M

Filed under: vida — Etiquetas: , , , , , , — mytemptation @ 10:25 pm

 

Supongo que la del título es una pregunta que contiene su propia respuesta pero mi vida va por ciclos y últimamente la historia se repite. A ver, es verdad que en esto de los gayumbos es algo por lo que también pasa el tamiz de la moda. Nos hemos vuelto modernos e incluso en invierno tenemos que enseñar un poco más, traspasar esa raya e insinuar lo que otras manos no pueden alcanzar. Sugerir lo que más escondemos pero estamos deseosos de mostrar al primero que se nos ponga por delante. Claro está, siempre que cumpla ciertos requisitos, resumido todo en unas cuantas palabras que acaben en …orro, os ayudo buenorro o calentorro. También es verdad que el alcohol nos lo hace ver de otra manera y pronto nos conformamos con acabarlo en …ín, buenín o calentín.

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Pero bueno vayamos al asunto, estaba hablando de ese textil coloreado que envuelve nuestra polla y nuestros huevos. Que qué me pasa, pues que últimamente me encuentro ambas palabras entrelazadas en mis conversaciones, generalmente próximas a mi cama. Las preguntas típicas son dos que si te gustan mis gayumbos para a renglón seguido sin dejarme dar respuesta añadir ‘son del H&M’. Mirad, para que lo tengáis claro conmigo me gustan los calzoncillos: el envoltorio, el estuche, y todo lo que llevan dentro… full equip que dirían en mi pueblo. Pero la pregunta sigue siendo la misma qué cojones tienen los calzoncillos del H&M…

septiembre 15, 2008

Relato: el móvil y el sexo

Filed under: Relatos, sexo — Etiquetas: , , , , , , , , , , , , — mytemptation @ 10:45 pm

Era festivo y casi la hora de comer, el día acompañaba y a pesar de estar en las postrimerías del verano aún el sol calentaba en el cogote, y a esas alturas del calendario eso estaba muuuuuy bien. Lo primero que dijo nada más sentarnos es que yo estaba muy guapo… cómo iba a poder salir algo mal un día que comenzaba así.

La rutina se había perdido hoy en descubrirle un nuevo sitio para comer o, tal vez, sólo ese detalle en la carta, no lo recuerdo pero al otro lado de mis ojos sólo encontraba sosiego y felicidad. El sitio del café también lo sugerí yo, un local de moda de la zona. El postre y la copita lo reservamos para casa, y de camino se repitieron las paradas y trasbordos, también nuevas confidencias.

Hacía semanas que decidiera desplazar la cama de mi rutina sexual y extenderlo a otros ámbitos domésticos, para empezar el comedor estaría bien… Corrieron los hielos y el vodka, y también las cortinas. Se deslizaron la ropa y el combinado por nuestra garganta. Era perfecto, el moreno de nuestros cuerpos identificaba hasta dónde habíamos dejado correr el sol este verano, y conformaba una curiosa foto de tostados y blancos.

Su móvil interrumpió la escena, el (poli)tono era el de una canción del verano que, por supuesto, desconocía. Se puso a bailar al ritmo, y descubrió para mí toda su esencia, esa que me hacía repetir cada fin de semana, el perfecto retrato de lo que buscaba y que había encontrado.

La segunda parte continuó ya en mi cama, había decidido desplazarla pero no desterrarla! Al recostarme me reencontré mi lugar favorito y placentero, el de las siestas. Y más pronto que tarde llegó el relax, el regusto de lo bien hecho que se mezcla con las palabras en la intimidad.

En algún momento todo cambió. De repente comenzaron los reproches por algo en lo que sin duda me equivocaba, corrió la ropa por sus extremidades y la sombra por detrás de la puerta, imposible ya de alcanzar. Los pensamientos se apelotonaron pero poco había ya que dialogar.

Mi llamada de móvil no estimularía esta vez de la misma manera a la persona que acababa de desear, cómo decirle que para mí el sexo no importaba que lo que de verdad valoraba era su persona y esa intimidad de después, bajo las sábanas…

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