Everything but temptation

mayo 25, 2009

Relato: Dos lunas (vidas cruzadas)

 

[Me lo había prometido una y otra vez, sin acabar de sacar el coraje suficiente para dar voz a aquello que me oprimía. Sabía que había otra persona y tendría que decidir, o él o yo. Parecía de lo más sencillo, parecía…

Necesitado de una terapia, me armé con un rotulador (mi arma de trabajo pues me dedicaba a escribir relatos) y desesperado, mirando a un lado y otro de la casa, sólo alcancé a a tachar de mi vida el día de hoy en el calendario, entonces era 1 de agosto.

Mi extraño subconsciente reaccionó y le sirvió de medicina pues a medida que se sucedían los días tachaba con más energía. Día tras día reuní fuerzas y el 27 de agosto fueron suficientes para poner las cosas claras, ni el otro ni yo, ‘fuera de mi casa…!!!’]

Había soportado toda una larga tarde en consultas del hospital, salvo la última hora que me habían pasado a hemodonaciones. Era pleno agosto y aquello estaba desierto, tan sólo había aparecido un niñato para recoger sus resultados. Parecía alterado, y se notaba, pues unos cercos de sudor asomaban a la altura de las axilas, algo imperdonable para un pijo semejante.

Desgarró el sobre, y no debió entender nada, ‘además primerizo’ alcancé a decirme a mí mismo. Acostumbrado a este tipo de situación, señalé con mi dedo donde lo había hecho en tantas otras ocasiones: Prueba del VIH, negativo. Balbuceó unas palabras entre las que creí entender un gracias y desapareció.

[Me sorprendí de lo rápido del proceso, casi instantáneo. Esa misma mañana había empaquetado sus cosas y se marchó con lo esencial. Dejó amontonadas un buen puñado de cajas para otro día que yo me preocupé de hacerlas desaparecer de mi vista bajándolas al trastero.

Y con la casa semi-vacía yo me sentí pleno, incluso lleno de un extraño orgullo, de algo que me había llevado 27 días decidir…

Y con él se marchó mi tensión, y yo renové mi inspiración.

Esa misma tarde escribí un curioso relato de vidas cruzadas con una extraña sensación muy dentro. Y hubo más, tan libre me sentí que hice una locura y me inscribí en una de esas páginas de contactos. Mis manos se mostraban nerviosas ante el teclado, tenía ganas de relatar mi nuevo yo.  Con poco que decir sobre mi estado actual opté por usar una célebre cita de Oscar Wilde: I can resist everything but temptation…]

Así que me quedé sólo en planta con un ordenador y el aire acondionado por toda compañía. Repasé en mi cabeza lo que haría esa noche llegar a casa, cambiar el uniforme por unos bóxer, cenar medio sándwich, encender la tele, coger el sofá y roncar hasta el día siguiente. Una extraña sensación recorrió mi cuerpo y no precisamente fría que cargó y  trasladó toda su energía a mi entrepierna… Lo que me faltaba, hacía que no mojaba desde primavera y por muchas señales que me diera mi segundo yo, ahí abajo, esta noche tampoco habría mucho que hacer.

Con la tontería inicié en el PC una sesión en los perfiles, que ya tenía olvidados. Como era 27 de agosto aparecían cuatro gatos, seguro que todos más pringados que yo. Pasé de un tal ‘Óscar Mayer’ y similares (qué poco ingenio en esto de los nick) hasta determe en el único en inglés ‘…everything but temptation’. Mi corazón palpitó y mi cabecita (ya no sé si la de arriba o la de abajo) lo tradujo al instante ‘todo salvo la tentación’, y de lleno que caí…

mayo 24, 2009

Relato: Dos lunas (más)

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Nunca olvidaré esa primera sensación, en lo íntimo. Nos habíamos conocido esa misma noche, y ya entonces decidimos compartirla en la cama. Pero desde el primer instante todo fue distinto, las connotaciones sexuales desaparecieron para dejar paso a lo que muchos llaman y pocos experimentan… hacer el amor.

Era la forma de rozar con sus yemas cada centímetro de mi piel, era ese ligero temblor que precedió a la penetración, era su mirada extasiada de placer que sólo a mí me dedicaba, eran esos movimientos pausados pero constantes que nos llevaron a lo más alto, era esa sensación de querer atrapar ese instante… Recuerdo el momento de después en que todo quedó en calma y el instante envuelto en un par de palabras, abrázame fuerte.

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Dicen que hay experiencias que sólo se gozan una sola vez en la vida, un instante que para cuando nos queremos dar cuenta está ya lejos del alcance de nuestras manos y que sólo quedará en nuestra memoria. Aquí lo he querido inmortalizar con un puñado de detalles, con una palabra por cada vez que mi corazón palpitó aún más fuerte. Aquella misma noche entreabrí los ojos para comprobar que no se trataba de un sueño y que de verdad abrazaba lo que mi deseo anhelaba, era un 27 de agosto.

 

El próximo 27 de agosto, a medianoche, al mirar al cielo observaremos que el planeta Marte será la estrella más brillante en el cielo, será tan grande como la luna llena. Será como si la Tierra tuviera dos lunas. Está previsto que la próxima vez que este acontecimiento se produzca sea en el año 2287.

mayo 9, 2009

Relato: no-alcohol-no-sex

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La liturgia era siempre la misma, mullir mis posaderas contra la cómoda butaca, servir la copita de vino (importante, la botella tenía que quedar medio llena después de llenar la primera copa), poner las manos sobre el teclado del portátil y a partir de ahí esperar a Inspiración, mi musa más rebelde.

Y hoy, un día más, en pleno ferragosto, mojaba mis labios con la primera copita de vino. Lo necesitaba, me auto-convencía cada noche para descorchar una botella más. A diferencia de otras personas yo no necesitaba de la química de farmacia (una de mis reglas vitales) para poner mi cabeza en orden, me bastaba con acercarme al Día y comprar una caja de seis botellas, justo lo que duraba la semana pues el finde la resaca del garrafón de los garitos de Madrid me aguantaba todo el domingo, y eso que me ahorraba.

Me podría describir como un chico normal, con escasos complejos. (uno) Mi pelo en recesión, como la economía. (dos) Mi eterna manía de quitarme padrastros incluso donde no los había. (tres) Mi cintura-barriga-flotador que apuntaba los excesos de cerveza y comida basura, aunque ésta no me preocupaba tanto pues en verano la descubría con orgullo como muestra flotante de un proyecto que contaba ya unos cuantos años.

Por lo demás, estaba bien dotado, una polla enorme, sobre todo, en erección, de eso también me auto-convencía. Tan sólo esa ocasión, la última, me había sentido minusvalorado ante un niñato con el que me acosté. Tal vez, fuera que él era menudo (no llegaba al uno sesenta) y puede que tuviera entre las piernas algo normal pero puesto en perspectiva, pues que destacaba y a mí me impresionó esa primera vez, no su polla sino verme superado.

La semana que le siguió estuve dándo vueltas a la cabeza, a mis tres complejos no podía sumar uno más. No podía ser, me debí de equivocar, el alcohol, el alcohol era la respuesta. Todo ese garrafón que llevaba en sangre debió haberme confundido… Estaba decidido tenía que acostarme con él una segunda vez, y sobrio, sólo por re-comprobar si estaba en lo cierto, incumpliendo otra de mis reglas básicas, no-alcohol-no-sex, vamos no hay mamada sino llevas una buena tajada.

Me costó quedar con él, no debí impresionarle tampoco, con lo que el reto creció. La cosa fue así, llamadita de móvil:
(Regla número uno, pide siempre el móvil a todos y cada uno de tus ligues, con o sin penetración, porque nunca sabes qué se te puede cruzar por la cabeza al día siguiente, en mi caso todo un desafío estaba en juego.)
-Hola Ra, soy M nos conocimos el sábado en el Bola Loca, ¿recuerdas?
(Regla número dos, dado que la promiscuidad es incompatible con la memoria de lombriz de muchos, establece referencias claras para que te identifiquen evitando las alusiones sexuales tipo soy el polvazo del sábado, sabadete.)
-¿M? ¿el Bola Loca? Ehhh… (éstos son los eternos instantes del reconocimiento). Ah, sí, dime, dime cosita…
(Regla número tres, respiración profunda, en este tipo de llamadas siempre hay momentos tensos, alusiones como cosita no necesariamente están referidos a lo sexual.)
-Oye que estaba pensando en ti y en una cervecita.
(Regla número cuatro, no centrar la atención sólo en la persona, tú, tú y sólo tú.)
-Pues… es que estoy liado toda la semana, porque no me llamas la semana que viene, o mejor yo te llamo.
(Regla número cinco, sin respuesta o cita postpuesta traducido quiere decir polvo perdido. Tocaba reconducir el temita.)
-Lo cierto es que mañana iba acercarme al centro, recuerdo que hablaste de aquel garito que pone los tubos a un euro, justo mañana.
(Regla número seis, muestra que te interesó, ¿prestaste atención a sus palabras?¿o sólo te fijaste en su culo? y ofrécele oportunidades únicas… sólo mañana, tubos a un euro!!!)
-Ah, sí el Dallas… Oye, me lo pienso, y esta tarde te escribo un mensaje.
-Mira, Ra, mejor quedamos ya directamente allí, ¿qué te parece a las siete?
-Va, venga (con desgana pero es un SÍ).
-Lo dicho, nos vemos mañana!! Un beso.
-().

Tras siete tubos por barba, no tuvimos muchos problemas un par de horas más tarde para dirigirnos a su cama, quiero decir a su casa. Y cierto, no era una ilusión óptica la tenía más grande. Prometí no verle nunca en la vida, me tocó rechazar sus llamadas durante casi un par de semanas, con lo que pensado fríamente algo debí haberle impresionado, tal vez, mi fina cintura.

Lo primero que hice nada más salir de su casa fue ir a una farmacia 24h y comprar un Espidifen. Las reglas de mi vida habían cambiado, sumé un complejo, a partir de entonces no la tenía grande. Más, el Espidifen, y muchos otros, comenzaron a acompañar a la copita de alcohol, con lo que me inicié a toda pastilla en el diccionario de la química de farmacia. Sólo sobrevivió una regla vital no-alcohol-no-sex. Así es la vida.

marzo 24, 2009

Relato non-stop: noche y día

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Un acento distinto llenaba el dormitorio en la penumbra que acariciaba mis oídos antes incluso de que sus manos acariciaran mi piel… La vista perdida, quién sabe si por el alcohol o por el calor o por la pasión, o la mezcla de todos en la fiebre del sábado noche. Nos besamos mientras sus manos aprenden a recorrer mi cuerpo, es su mano la que juguetea conmigo…

Y de repente todo cambió. Era de día, la luz se filtraba por toda la casa, ya no había susurros sino gemidos, no hay vista perdida sino ojos bien concentrados en su objetivo, el placer se torna en algo relajado y conocido, se abre a mis pulmones y a mis gemidos, sólo un detalle la mano no ha cambiado de sitio…

amor

Pestañeo y es, de nuevo, de noche. El sabor de sus besos me recuerda a un ron cercano, más de islas afortunadas que de los mares del caribe. Su rostro joven comienza a fijar su deseo en mí, nos descubrimos ya sin ropa y las manos se convierten en garra sobre lo que sienten y sobre lo que ven. Quieren poseer esa carne, arañar si cabe más hondo, en mis más profundos sentidos. Y lo noto, noto el deseo a cada rayón que deja en mi piel, que sólo al principio duele, a cambio agradecido dejo muescas de mis dientes en la suya…

La luz se transforma y me despierta al día, veo mi cuerpo enrojecido pero sin dolor, el placer del deseo dibujado también en su piel, en sus ojos, incluso en su respiración. Son ya cuerpos conocidos bajo ritmos aprendidos, bajo ritmos repetidos…

Vuelve la noche, relajado después del éxtasis, y sin embargo con ganas de repetir. Cierro los ojos pensando en el deseo, en cómo me gustaría despertar mañana, en que ese sabor de ron mezclado con pasión permanezca en mí más de esa noche. Lo tomo por la mano mientras sestea y lo formulo en un susurro, soy yo quien pide un deseo: ‘lo mismo mañana’. Despierto y… la luz se filtraba por toda la casa, ya no había susurros sino gemidos…

febrero 20, 2009

Relato: crepúsculo

Filed under: Relatos — Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , — mytemptation @ 11:10 am

Es ese momento en que tu cuerpo da pequeños impulsos para levantarse de la cama pero tu cabeza se niega. Es ese momento en que los recuerdos pasan como flahes por tu mente, y abres y cierras los ojos pues no sabes si rememoras algo pasado o todo es una mera ficción…

Los sentidos empiezan a despertar y los dolores muy dentro a llamar a tu cabeza, el alcohol se cobra su peaje, sientes tu vejiga rebosar o tu cabeza estallar. Acostumbrado a los mismos achaques del fin de semana, distingo algo diferente hoy son mis labios, y duelen. Salivo con más frecuencia de lo normal, los humedezco a cada instante.

Y otro flash, luces de discoteca y besos: suavemente duele; sábanas revueltas y pasión: suavemente quema; y ahora quema y duele en una cama vacía en la que se repiten fotogramas en el recuerdo, es ‘Crepúsculo’, esa historia de vampiros.

Les tenía ganas y por eso esta noche de carnaval calzo poca ropa mientras tiento con miedo entre mis manos un diente de ajo. Por alguna extraña razón lo pierdo al entrar en la discoteca. Luces y sombras me rodean ya borracho, mi cabeza se ladea ligeramente ofreciendo ya mi cuello.

Ahora recuerdo, hay una mano a la que luego le siguen unos labios, y donde luego asoman los dientes. El cuello es un mero entretenimiento para darme calor y ponerme aún más cachondo, ofrezco mi boca, mis labios, mi cuerpo entero. Es noche de carnaval y un vampiro es lo que quiero.

febrero 7, 2009

Relato: Amy

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Dicen que recordar es volver a vivir, recupero un viejo relato de mi antiguo blog… 

La historia comienza en un chat. Él le habla a él, y él le responde a él.

Él quiere intimar, y él también.

Pronto acaba el encuentro, pronto quedan para una cita. Frente a frente, en un bar. Se encuentran incómodos y se descubren mirándose de lejos. Se reconocen enseguida no hay presentaciones, no hay besos. Apenas unas palabras balbuceadas.

Un territorio por descubrir, un territorio por conquistar. Al fondo del bar se dan mutua respuesta, hallan su paraíso, bastan dos sillas de madera en mal estado y una mesa llena de los retazos olvidados de otros, de conversaciones, de vida.

Un cigarro mal apagado aún lanza un hilo de humo. Se afanan por limpiar la mesa, dejarla vacía de tazas y copas. El cenicero se queda.

Se impacientan por hacer de ese espacio algo nuevo, algo que será suyo, íntimo, cálido. Tal vez, un inicio que poder dentro de unos años rememorar. Ahora, un par de cañas les separan, adiós a las frías teclas, al hielo digital, a la pantalla muda. Ahora hay vida, movimiento.

Él bebe una sin alcohol. Él abarca una jarra fría, muy fría, y siente cómo traspasa su piel, y congela su sudor, y paraliza su mano. Al parecer le alivia, suspira, llena de aire sus pulmones y en ese instante encuentra tranquilidad.

Él no sabe disimular, y desciende sus manos que traslucen sudor, y la camisa y todo su cuerpo.

Bajo la mesa no hay testigos, él las restriega contra sus jeans, él repiquetea encima. Continúan separados, ahora la frontera es menos. Tan sólo una mesa, un sencillo trozo de madera.

Él anhela estar juntos.

Él bisbesea, pareciera que sigue el ritmo de la música, que los nervios no lo dejan dar voz a su ansiedad, pero vence ese miedo.

La música del bar muere. Tras la pausa Amy resucita, lo inunda con su inconfundible voz.

Ahora sí, el movimiento es parejo. La mano asoma por encima de la mesa, se abre camino y tropieza con el paquete de tabaco. Lo toma, seguro de sí mismo mientras lo mira a él fijamente sin apartar la mirada, sabe lo que se trae entre manos- ¿Fumas? Inmediatamente, él se echa las manos a la cazadora se palpa, y al fin encuentra. Ofrece calor, fuego, y él recoge sus manos para contenerlo. Él recula, se sirve un cigarro y lo enciende.

Al fin, él exhaló quietud. Al fin, él respiró sosiego.

Esa misma noche él descubrió el poder erógeno del cuello, y él el dulce sabor del amor en forma de uno y mil besos.

Buen finde!!!

diciembre 14, 2008

Relato: Recuerdos cercanos

Filed under: Relatos — Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , — mytemptation @ 12:22 am

 

Él padece esa extraña adicción de que sólo se siente vivo cuando fluye por sus venas un potente sentimiento, el que sea, bueno o malo pero que lo experimente, que lo padezca, muy fuerte, muy dentro. Sólo entonces siente latir su corazón, que la vida le domina hasta ahogarle en pasión o lloro.

Pasea jovial en una noche de invierno, suben a la casa, apagan la luz y se recuestan en la estrecha cama, abrazados, unidos. Los besos se suceden tiernos, las caricias apenas rozan la piel pero estremecen muy dentro, comparten te quieros. Todo muy casto, todo perfecto. Porque hay amor, porque fluye, porque lo siente ya en sus venas, porque la vida le llama a cada latido de su corazón. Y es el momento de decirlo, de abrazar la vida: ‘hoy sería la noche perfecta para hacer el amor…’. Las palabras resuenan, las caricias vuelven a hablar, la pasión les espera.

lagrimas

Pero algo falla y a la noche comienza a escarpársele las palabras que contienen esa frase  encerrada entre las cuatro paredes del dormitorio. Ya no será ‘hoy’, ni habrá ‘noche perfecta’, no hay nada que ‘hacer’, se escapa el ‘amor’… Él no lo entiende, lo intenta racionalizar y no lo comprende. Y así sin luz comienza a derramar lágrimas, es la primera vez que llora por sentimientos tan encontrados, los besos continúan mientras la oscuridad tapa la amargura que fluye a los ojos desde su corazón. Y sí, siente la vida, la misma de antes, se nota muy vivo pero no es lo que quería.

No se acuerda muy bien cómo acaba la noche, se recuerda bajando a la calle mientras el duro frío de la noche cubre su cara, construyendo una helada armadura en torno a su pecho. Una vez en el coche pone la música al tope sin arrancar. La noche acaba con su mirada perdida mientras saborea el amargo regusto del semen en su boca.

octubre 29, 2008

Relato: Poros

 

El perfil apuntaba y mis clicks disparaban… era un sitio más de contactos. No sería la primera vez ni tampoco la última. Estudiante, 21 años, sonreía en la foto mientras el humo de su cigarro dejaba entrever sus ojos claros… El mensaje manido: hola me gustaría conocerte te paso mi messenger@hotmail.com. Ahora esperar, puede que incluso respondiera el mismo día tal como había sucedido en tantas otras ocasiones…

La escena se repitió y nos conectamos, era por la tarde y me encontraba sentado cómodamente sobre mi cama, aunque podía percibir cómo los tres grandes espejos del armario me miraban con un aire sombrío… Y con razón, hacía semanas que no mostraban la pasión y el deseo de dos personas que acaban de conocerse y disfrutan del momento. Gozando de sus cuerpos desnudos, recociéndose en los espejos, fantaseando con lo posible y lo mediato.

Reconozco que en esas ocasiones la temperatura del lugar ascendía, mis poros se abrían y dejaban escapar todas esas hormonas acumuladas a lo largo de semanas de abstinencia. Los espejos eran mi segunda piel y rápidamente advertían la situación. Los tenía enseñados, pues comenzaban a reconocer ese calor del momento y a mostrarse diferentes, sólo entonces era cuando los chorretones de vapor condensado empezaban a correr con fuerza hacia abajo. En ocasiones, el placer era tal que dudaba si perdía, por un instante, la visión o eran ellos los que me ayudaban a dibujar mi reflejo en éxtasis, rodeado de pasiones correspondidas, calores mutuos y sudores intercambiados.

Distraído en mis más íntimos pensamientos daba ya respuesta a mi nueva presa sobre el teclado. Aunque me consideraba del montón ganaba en las distancias cortas…incluso las virtuales. Lanzaba mis anzuelos y si picaban les atrapaba sin dejarlos escapar con dobles sentidos, dando vueltas al mismo tema hasta que lograba lo sexual, el deseo… Y de lo virtual a lo carnal un paso mi número de móvil, un lugar, una hora.

Había que apurar la situación, ya habíamos tratado lo sexual en un par de frasecitas pero era el momento de dejar huella y tomar un tema del que ya no le dejaría escapar. Volví a mirar su foto y lo tuve claro:

‘fumas mucho?…’

Del messenger saltó un ‘sí’ rápido pero la maquinita indicaba que iba a decir algo más, llevó unos instantes y de repente ‘fumas porros?’. Era mi oportunidad, mis dedos sin dudarlo saltaron rápidamente ‘quieres quedar?…’. De nuevo la espera ‘para fumar porros?’, ‘sí, claro…’ para eso, para lo otro y lo de más allá, todo ello se amontonó en mi cabeza…

Esta vez mis poros se adelantaron a su respuesta y dejaron escapar una gotita sobre mi frente, la dejé deslizarse pues en ese instante obtuve lo que buscaba ‘vale, pero con una condición’, sólo acerté a decir ‘dime…’, ‘que te hayas hecho una paja antes’. ‘Hecho…’. Lo di por hecho, todo: la paja, el conocernos, los espejos, mis hormonas liberadas, mi pasión y el sexo…

Chic@s siento dejaros con la boca abierta, como en la foto, pero mañana continuará.

octubre 19, 2008

Relato: hamam

Filed under: Relatos — Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , — mytemptation @ 4:38 pm

Dice la tradición que los hamam, baños turcos, contaban en plantilla con tellak, los jóvenes masajistas que ayudaban a lavar a sus clientes, y a los que también envolvía una importante carga sexual… Conocemos por textos de autores otomanos quiénes eran, sus tarifas e incluso cuántas veces hacían llegar al orgasmo a sus clientes además del detalle de sus prácticas sexuales. Aún en turco el término hamam oğlanı, chico del baño, es usado como eufemismo para referirse a homosexual.

 (…)Lo primero que nos apuntaron fue hacia los vestuarios, allí cada uno con disimulo se puso el bañador, la mirada fija de cabeza para arriba no siendo que alguien fuera a cuestionar con sus ojos lo que a otros nos habían dado por naturaleza, lo de las odiosas comparaciones y demás…


Las instrucciones claras, primero la sala de agua templada, luego la más caliente, y más tarde la fría-fría, era cuestión de purgar cuerpo y mente antes de proceder al baño turco con su humedad y con sus vapores purificantes. Una vez llegado allí te relajas, tus sentidos flotan envueltos en músicas instrumentales, los chorros de aguas chocan con los distintos baños, y llegado el momento más pronto que tarde llega el relax, los que lo desean encargan un masaje. Te recomiendan que tras él te duches para eliminar el aceite que el cuerpo no ha absorbido… 

Sobre la camilla el especialista te pregunta qué parte deseas que te relajen, uno que es nuevo en esto anuncia con voz temblorosa que la espalda, un clásico, mientras remuerde su conciencia pensando que podía haber sido un poco más osado…

El masaje comienza con una toalla rozando tu cuerpo para secar la piel al tiempo el sentido del tacto se dispara, al igual que tu vello. Disimuladamente sitúa el extremo de la toalla bajo el dobladillo de tu bañador, ahora sí te pesa, ahora sí estás en sus manos, nunca mejor dicho.

Te indica que dejes colgando los brazos mientras te envuelve en aceite, suavemente va magreando tu cuerpo. Al principio sabes dónde se encuentran sus dos manos, pero pasados unos instantes pierdes la cuenta, y comienzas a pensar que son dos, y tres, y cuatro. Para entonces ya has cerrado lo ojos, se han disparado tus sentidos, y sueñas despierto que aquello no acabe, o que acabe de otra manera…

Un susurro te despierta: ‘el masaje ha terminado’, te incorporas como flotando, sonríes bobaliconamente y te diriges al vestuario. Me cambio, y opto por no ducharme conservaré toda la noche el aceite. Pasas por caja ‘son treinta y seis euros’, vuelves a sonreír, la cuchillada apenas duele. Llegado a casa, me envuelvo en mis sábanas y en mi aceite, y sigo soñando…

septiembre 26, 2008

Relato: una promesa en Florencia

Filed under: Relatos — Etiquetas: , , , , , , , , , , , , — mytemptation @ 11:29 pm

Dice la tradición que en tu visita a Florencia basta con cerrar el candado sobre el Ponte Vecchio y arrojar la llave al río para que una pareja permanezca unida para siempre.

Un par de meses antes y 2.000 kilómetros alejado aún de Florencia me encontraba solo en mi ciudad. Acababa de reservar el viaje, el primero que haría solo en mi vida y necesitaba, realmente necesitaba, atarme a algo, sentirme movido por una promesa.

Me dirigí a la ferretería y pregunté por un simple candado, el anciano que me atendía respondió que si de combinación o de llave, opté sin dudarlo por el último. Lo tomé en mis manos y pude sentir el frío metal, sería la última vez que fuera así porque de inmediato lo colgué de la cadena de oro que rodeaba mi cuello, llave incluida. Comenzó a templarse y desde entonces formó parte de mí como si fuéramos uno.

Aún tenía semanas para encontrar esa persona especial, o quién sabe los cinco días en Florencia podría fructificar en algo tan bonito como una promesa, un candado y una llave arrojada al río. Y sin embargo no fue así. Con la ayuda de mi agenda busqué, y busqué, y no encontré. En esos dos meses previos no pude evitar tirar con fuerza de mi cadenita cada vez que una cena o unas cervezas en buena compañía quedaban en eso mismo, en tan solo buena compañía. No pudo ser ni el alcohol ayudó, ni la agenda dio más de sí.

Ya en el aeropuerto preparado para iniciar el viaje saqué el candado, lo tomé fuertemente y lo mantuve agarrado todo el vuelo así. Al aterrizar tenía una marca roja sobre mi mano. La misma mano que me ayudó a inmortalizar con la cámara de fotos cada uno de los rincones de esa maravillosa ciudad, crucé el Arno varias veces pero nunca por el Ponte Vecchio. Lo reservaba para el final para que pudiéramos ser dos al atravesarlo.

Hasta que llegó la última noche, era tarde y decidí pasear por la ribera del río para aproximarme, no tenía pérdida bastaba con seguir a los turistas de la noche cruzando el río camino de vuelta a sus hoteles. La música envolvía la calle, algún artista callejero amenizaba el lugar con notas de románticas canciones.

En medio del puente una pareja entre besos se esforzaba por fotografiarse juntos, por señas me ofrecí a ayudar con la foto. Ambos sonrieron y me ofrecieron la cámara de la que también colgaba la funda, me alejé unos pasos y saltó el flash, una y dos veces. No cruzamos palabra alguna, les devolví su cámara y me alejé llorando.

De repente oí unos tacones atropellados. Era ella y mostraba el candado, y su llave, que yo había depositado previamente en la funda de la cámara. En la distancia me encogí de hombros mientras negaba con la cabeza haciendo ver que no era mío. Ella detuvo su paso, miró con extrañeza y terminó por dar la vuelta. No hubo necesidad de dar más explicaciones aunque pude observar cómo una sonrisa de complicidad asomaba al retornar junto a su pareja. Me topé con el músico y deposité unas monedas. La música envolvió de nuevo el Arno, y yo di por cumplida mi promesa.

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