Everything but temptation

abril 29, 2010

Me pica, doctor…

Filed under: vida — Etiquetas: , , , , , , , , , — mytemptation @ 9:50 pm

En la consulta del médico un amigo mío recibe tres posibles causas para la extraña irritación que sufre en la piel. El doctor tras relatar las dos primeras deja caer que la tercera sería por haber mantenido relaciones sexuales. Mi amigo entre risas dice ‘doctor, podemos descartar la tercera…’. Pasa que mi colega no mojaba en meses así que el no follar le sirvió para dar con un rápido diagnóstico. Quién iba a pensar que algo así fuera bueno para la salud…

Otro amigo no paraba de rascarse y sucedió que la picazón era realmente sarna y se lo había pasado un follamigo. Nada grave, hasta creo que el rascar le daba cierto gustirrinín.

Cuento todo esto porque lo que de verdad a mí me sucede es que ando a dos velas y no paro de rascarme al mismo tiempo. Y ateniéndome a los hechos ya dudo que nadie me haya pasado la sarna. El caso es que ni a mí me da gustirrinín el rasca-rasca ni el sábado, sabadete lo acabo con la famosa rima. Creo que estoy por ir al médico pero ya dudo de que sea una cosa que me puedan recetar. Puta vida, una solución quiero….

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enero 14, 2009

Esos pequeños placeres diarios…

Filed under: vida — Etiquetas: , , , , , , , , , , , — mytemptation @ 10:51 pm

 

Desde que lo descubrí no puedo vivir sin él, es mi pequeño placer diario. Con menos de diez centímetros, alargado y fino, lo puedo disfrutar doblemente cada mañana. Es mi bastoncillo de algodón para los oídos.

Nuestro encuentro fue casual en una tienda de todo a cien, su color rosa tampoco combinaba con nada mío pero acabamos los dos en casa. Fue antes de que descubriera el placer en el cuello, entonces mi verdadero gustirrinín residía un poco más arriba: mis orejas y todo lo que lo contenían… Al principio me encontraba inseguro pero la frecuencia en el uso me otorgó la maña suficiente para que apretando lo justo me lo diera todo, y lo mejor es que al otro lado me esperaba, cada mañana la otra oreja para más de los mismo. Ellas y yo, los tres insaciables.

oido

Como aquella vez en que me dejó mi follamigo sin explicación alguna, en la que me levanté alicaído y mustio tras la noticia y donde por un instante brilló la mejor de las ideas posibles, toquetearme la oreja con el bastoncillo. Sustituir lo mustio por sentirme a gusto.

Fue tal la presión y la intención de mejorar mi estado anímico que el bastoncillo salió pero algodón se quedó dentro. Y así toda la mañana, todo el mediodía y parte de la tarde, cuanto más apretaba más me rehuía el algodón del lío hasta que alarmado acudí al médico. Cómo explicar a mi doctora que el problema no era lo material reflejado en un simple algodón sino algo así como un mal de amores. Bueno no sé si amor, pero sí sexo…

En la consulta, callé por esa vez lo del follamigo, mi recién adquirida soltería y me hice el tonto. La doctora me extirpó el asuntillo mientras me daba cuenta de que esta historia se acababa: sin algodón, sin follamigo, y sin algo de sexo por unas semanas. Supongo que siempre tropezamos varias veces con la misma piedra porque hace poco he recuperado el hábito mañanero de acariciar mis orejas con los bastoncillos…

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