Everything but temptation

junio 3, 2009

Relato: Esas personas mayores

Filed under: Relatos — Etiquetas: , , , , , , — mytemptation @ 10:27 pm

Era una persona mayor pero suficientemente válida y lúcida para defender su independencia. Pequeñita y menuda, enviudó a los sesenta y los hijos pensaron que, tal vez, su destino estuviera más cómodo en uno de sitios con gente de su edad. La situación llegó a ser asfixiante y en la familia tomaron su edad como un argumento para golpear contra lo que había sido toda su vida… Una modesta ama de casa que sacó adelante cinco hijos y que se revolvió para defender lo que era suyo su día a día en la casa, sus largos ratos sobre la butaca oyendo la radio y su chocolatito bien caliente los fines de semana.

Pasaron más de veinte años y lo que era un compromiso familiar de verla todos y cada uno de los días por alguno de los hijos, se fue diluyendo hasta pasar semanas sin ver a nadie de la familia. Yo mismo mostraba una absoluta desgana cada vez que me enviaban a realizar algún encargo y, de paso, comprobar cómo andaba. Me sentaba junto a la butaca y respondía a las típicas preguntas sobre los estudios y la novia. Hasta que llegó aquel verano tan caluroso, y empecé a trabajar en la panadería.

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Me comprometí a subir a mi abuela el pan cada día al cerrar la tienda. Al cabo de los días las preguntas, por repetidas, cesaron y nos envolvió un relajante silencio. Al tiempo, la antigua casa parecía exudar un agradable aire frío en medio de la canícula,  serían sus gruesas paredes qué sé yo.

Uno de esos días ella encendió la radio y saltó un programa de esos sobre viejas canciones, para mí desconocidas, de tiempos pretéritos y que se supone fueron mejores. Con los días, yo me sentía cada vez más a gusto en su compañía con las canciones de fondo. A veces, mi abuela me cogía la mano desde su butaca y me apretaba al ritmo de esos sones. En otras ocasiones, sencillamente me sonreía y para ello arrugaba si cabe más su carita para descubrirme una radiante sonrisa. Siempre parecía que quería decirme algo, algo más.

Lo que ocultaba es que sus movimientos eran, cada vez, más lentos y, quizá, más imprecisos pero podía seguir defendiéndose sola. Lo que ocultaba es que, reflejada en el espejo del recibidor, descubría cómo su rostro cambiaba y se animaba todos y cada uno de los mediodías que yo aparecía por su casa con un sonoro ‘hola, abuelita’.

Podría acabar esta historia diciendo que un día no me esperó en el recibidor. Diciendo que sí había música pero ella ya no estaba entre nosotros. Diciendo que su mano fría estaba extendida hacia la silla que yo siempre ocupaba. Diciendo que para mi desgracia ese instante le llegó con esa silla vacía.

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abril 26, 2009

Los domingos y el recuerdo

Filed under: sentimientos, vida — Etiquetas: , , , , , , , , , , , — mytemptation @ 10:58 pm

Los domingos como día más relajado de la semana me da por rememorar la infancia. Siempre me asoma una sonrisilla a la que se junta una enorme sensación felicidad interna gracias a esas pequeñas fotos del recuerdo que retornan del pasado.

Así, recuerdo con cariño cómo mi abuela rezaba por nosotros todos los días y así nos lo decía. Con mi tierna edad suponía que era lo que debían hacer los mayores, entre otras muchas cosas rezar por los nietos. Me sentía reconfortado (y mucho) cada vez que oía sus palabras.

caraculo

En la actualidad, y al menos la gente que me rodea no se lleva mucho eso de rezar. Tal vez, en este nuevo siglo se ha sustituido por otros modos: un fuerte abrazo al reencontrar en el tiempo a alguien, un buen par de besos y nuestra mejor sonrisa al saludar a otro,…

Casi veinte años después tengo claro que nadie reza por mí y aunque recién llegado a Madrid ya me siento arropado por gente que, tal vez, sin necesidad de expresar en voz alta que desea lo mejor para mí. Yo mismo lo hago con mis amigos y conocidos, me emociono ante la posibilidad de que encuentren trabajo, o de cómo ha salido un examen,… Me gusta participar de esas sensaciones, de ese puñado de cosas buenas que nos reserva la vida.

Ojalá, aunque no sea a modo de rezo, ni se cruce religión alguna nos aborde de vez en cuando un grato pensamiento. Así os lo dejo hoy relatado, abandono el domingo aún con la sonrisilla en la cara y enviando a todos mis mejores deseos…

marzo 30, 2009

Recuerdos y el cambio de hora

Antes que el made in china nos invadiera y las tiendas de chinos se multiplicaran, el ‘Made in Japan’ se extendió como signo de modernidad. Así, en los ochenta se comenzó a generalizar el uso de los relojes japoneses. La diferencia es que eran digitales incluso recuerdo que como extra tenían un botón que llenaba de luz la esfera… Había más diferencias, las correas eran de plástico con pocos colores, gris o negro.

casio

Pronto incorporamos a nuestro léxico particular Seiko o Casio como si fueran palabras de toda la vida. Cuando te lo regalaban lo primero que hacíamos era toquetear todos los botones que alcanzaban a poco más que una alarma, los más avanzados tenían hasta cronómetro… Lo siguiente tras acomodar el reloj sobre tu muñeca era sonreír a la espera de que te preguntaran la hora para mostrar tu flamante novedad.

El cambio más radical fue la manera de expresar la hora las 11:50 dejaron de ser las doce menos diez para pasar a ser eso mismo las once cincuenta. Recuerdo que mi abuela fue una de las primeras en preguntarme la recién estrenada hora, y no entendió esos usos modernos. Cuando su vista comenzó a flaquear y la catarata a velar su vista también en ella se produjo el cambio. Por recomendación de mi madre comenzó a vestir un reloj digital por eso de que los números se veían mejor. Yo trataba de acercar la modernidad de otras funciones del reloj, ‘mira, abuela, tiene cronómetro…’ sin éxito alguno.

Con el cambio del uso horario de verano e invierno se hizo obligada una visita a su casa para el adelantar o retrasar la hora. Durante muchos-muchos años me acerqué para cambiarle la hora. En mi recuerdo ella con unos ojos siempre llorosos y tras sus gafas observaban cómo su nieto ajustaba mágicamente el reloj digital.

Hace ya muchos años que dejé de llevar reloj pero por alguna extraña razón un torrente de emociones me despertó ayer justo con el cambio de hora. Me levanté con ganas de decir ‘¿Te cambio la hora, abuela?’…

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