Everything but temptation

septiembre 17, 2017

Relato: AQUEL JARRÓN OLVIDADO

Filed under: Relatos, sentimientos, vida, whatsapp — mytemptation @ 8:28 pm

Es más de medianoche, un domingo de otoño y el whatsapp anuncia tu “ola…”.
Hoy querría que fuera diferente un “Cómo estás hoy…” porque me atrevería, hoy sí, a responder con franqueza…

roto
Me siento como uno de esos regalos antiguos que hicieron toda la ilusión porque eran esperados, aún más, deseados pero pasado el tiempo sencillamente estaban ahí, seguían sin más.
Comenzaba a acumular polvo, incluso había que desplazarlo/me, alejarme del centro de nuestras vidas mutuas, de nuestro centro vital. (Un día había sido un golpecito y me alejaba solo un poco.)
Había perdido luz y brillo por el uso y el desgaste natural de las cosas. (Otro día un manotazo y me desenfocaba.)
Estaba desportillado, pequeños trocitos de mí habían caído al suelo. (Pisoteado primero y luego barrido por el tiempo, mezclado y olvidado entre muchos otros.)
Las señales eran evidentes pero solo para el que quisiera mirar, ver más allá. Yo mismo miope, me autoengañaba. Ya no éramos los mismos.
Buscaba respuestas y bastaba con una sola palabra, era el jarrón. Aquel que entró en nuestras vidas hasta con flores, que embriagó todos nuestros sentidos y evocó intensos momentos. Pero el tiempo que lo arrasa todo olvidó que sin savia la flor se apaga, lo verde se marchita y lo que queda se aleja y desenfoca primero, y por último se pisotea y olvida. Era… aquel jarrón olvidado.

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julio 11, 2010

Relato: Bienvenidos al mundo real…

Filed under: Relatos — Etiquetas: , , , , , — mytemptation @ 11:21 am

Comenzó siendo ese simple becario. Aquella mañana aún no había decido qué vestir. Es cierto que había comprado días antes su primer traje en un Zara, pero la alternativa de las dos corbatas que colgaban del armario se convirtió en su primera decisión en el mundo de los negocios. Claro que con los nervios olvidó que no sabía hacer un nudo de corbata, y google no es tal ayuda para ciertas cosas manuales.

Desde la boca del metro pudo observar el imponente edificio de exactamente cien pisos que sería su hogar en días laborables. Pronto descubrió que bajo esa mole había aún más en forma de sótanos y ése, de momento, sería su destino.

Entró al departamento asignado, minutos antes del inicio de la jornada. Sonrojado no está claro si por los nervios del momento o porque se excedió apretando el nudo de la dichosa corbata. Todo fueron sonrisas de bienvenida y buenos días hasta que a las nueve en punto los empleados se pusieron a teclear frente a sus ordenadores y la sala se inundó de un palpitante silencio.

Como ya estaba asentado en su cubículo bastó con mimetizar lo que los demás hacían. Se acercó el teclado, agarró el ratón con mano sudorosa y comenzó a conjugar el verbo de los negocios: ‘gestionar’.

Gestionó el mail, gestionó unos presupuestos, gestionó la agenda, gestionó unas presentaciones y gestionó unas copias impresas. Su buzón lleno de tareas comenzó a vaciarse pasado el almuerzo pero justo antes de llegar la hora de salida el buzón regresó al que parecía su estado original, el estar repleto de lucecitas parpadeantes urgiendo ‘gestiones’. Al concluir su primera semana pudo comprobar que le quedaban menos ‘tasks’ que el primer día. Sí, había aprendido ya que mezclar un poco de ‘english’ en sus gestiones lucía el resultado final de sus tareas…

A los quince días le notificaron que le transferían a otro departamento, con sorpresa pudo comprobar que salía de los sótanos para ascender al segundo piso. Un pequeño gran paso. Las gestiones eran menos numerosas pero más complicadas, requerían de más tiempo y ‘empowerment’. Lo que era un puesto de becario cambió al recibir su segunda ‘promotion’ pisos más arriba junto a un abultado sobre con sus nuevas ‘business cards’. Su nombre y apellidos figuraban en suaves formas junto con el logo que coronaba en la cima del edificio.

Se convirtió en una droga, antes de las vacaciones viajaba ya en un ascensor VIP a su despacho en la planta cincuenta. Trabajaba día y noche, festivos incluidos con el afán de subir más y más. A última hora renunció a las ‘holidays’ por su traslado al piso setenta y dos. En Navidades disfrutaba ya de vistas desde la planta noventa y ocho. Nervioso por ascender no abandonó la oficina en semanas, hasta que un nuevo sobre aún más abultado le comunicaba que procediera a subir al piso cien, !!!al fin!!!.

Comprobó que el ascensor sólo llegaba hasta la planta noventa y nueve, y que unas escalerillas se abrían al fondo del pasillo. Tras subirlas, exhausto de tantos meses de esfuerzo, se situó frente a una puerta de lo más triste y gris con un cartel en el que se leía ‘Bienvenido al mundo real’. Tomó el picaporte con fuerza y abrió. Aquello era una azotea en una tarde que oscurecía.

Al principio no comprendió nada pero al asomarse algo parecía emerger desde la terraza, era un edificio de oficinas, otro. Si cabe más grande y lo más importante, más alto. Quedaba oculto desde la calle pero ahora era perfectamente visible a sus ojos. Algo le urgió a contar con ansia el número de alturas que sobrepasaban a su antiguo edificio. Atisbaba un logo corporativo más grande arriba del todo pero su vista no alcanzaba a completar la visión del edificio con lo que se alejó para terminar de contar las plantas de esa mole. Casi, casi lo abarcaba. Bastaría con dar unos pasos más atrás. Al fin un poco más de perspectiva y lo tendría, un paso más atrás…

De repente no encontró suelo sobre el que sostenerse. En el afán por contar el número de pisos descuidó lo más importante su propia vida que le vio caer cien pisos abajo. Al día siguiente en el periódico local junto a una pequeña esquela se ofertaba un puesto de becario en una multinacional de altura…

noviembre 29, 2009

Relato: Sabadete

Filed under: Relatos — Etiquetas: , , , , , , , , , , , — mytemptation @ 6:36 pm

Conozco esa mirada de rechazo de un vecino extraño en un portal extraño. Intento que salga la vena amable de los buenos días pero mis pelos y mis ropas mal puestas (y peor vestidas) retratan el final de la fiesta. Con la luz de la calle las pupilas luchan por sobrevivir, al tiempo que intento hacer dos cosas a la vez para pensar dónde cojones dejé el coche.

Creo andar firme y decidido pero los tumbos y eses por la calle asustan a todo el personal. Incluso un viandante osa apartar de mí al perro. Como si me fuera a comer al perro… En ese instante mis tripas deciden aportar su opinión personal al respecto. No he comido nada en catorce horas. Lo único sustancioso fue un limón de una de mis penúltimas copas en una especie de juego sexual (uno de tantos). Había que tirarse el rollo y pasarle la lengua a todo lo que llegara a mi boca. Aunque ya digo no creo que fuera el episodio más patético de esta tragedia que es cada sábado noche.

Hemos transformado el arte de salir en un desgaste personal que deja imágenes como la que describo. Probablemente necesite hasta el martes para recuperarme de todo esto, aunque mi memoria sólo acierta a recordar partes de un todo que avergonzarían mi árbol genealógico de los últimos dos siglos. No recuerdo tan siquiera si he follado (del todo).

Al fin encuentro el coche y me aposento. Coloco el espejo que no se atreve ni a mirarme. Avergonzado, bajo la mirada y me doy cuenta que tengo la bragueta abierta. Tiro de la cremallera y doy por finiquitado este finde… Mi cabeza ha comenzado ya a despertar, y le da por pensar: ‘qué coño cuento el lunes en la ofi. Si es que no me acuerdo de nada…’

septiembre 27, 2009

Relato: Del corte de mangas al corte de pelo

Filed under: Relatos — Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , — mytemptation @ 12:28 pm

El despertador le descubrió con pocas ganas de ir a currar e incluso peor cara. El sábado no era el mejor día para estar trabajando en una peluquería, y nada podría salvarla de acabar con pies molidos y manos doloridas.

Hasta que se obró el milagro, una fuerte tromba de agua se inició de camino al centro que leacabó por despertar e hizo también que asomara una sonrisilla a nuestra protagonista. Llegó empapada pero sabedora de que su estrella había cambiado por la suerte meteorológica. Como no podía ser de otra manera el teléfono comenzó a sonar para anular citas varias de pelu, pedi y bisílabos varios. Todas mujeres, a pesar de anunciarse como peluquería mixta pocos hombres osaban cruzar la puerta. Tal vez el cartel con fondo rosa ahuyentara a las fieras con melena, vamos, a ellos.

toro

El despertador le acabó por abrir los ojos a la realidad sería el último día que compartiera cama con ella. En vez de expresarlo con palabras se limitó, a la puerta de casa, a hacer un expresivo corte de mangas. La tarea se completó con un sms en el que simplemente decía ‘ya volveré a recoger mis cosas’.

Había llegado el día D, y estaba resuelto a un cambio radical. Mientras iniciaba el paso hacia el centro unos truenos anunciaron la que se avecinaba. Estaba claro hoy era día de tormenta para todos.

Sin rumbo claro se resolvió aventurarse en lo que había deseado durante toda su puta vida. Hacer cosas estúpidas sin que una voz cansina le recriminara eso mismo, lo estúpido de la situación. Así, empapado y con ganas de aventura se encontró en medio de la calzada. A un lado un garito de mala muerte que auguraba mañana de resaca, un clásico. Justo enfrente una peluquería con un cartel rosa. La decisión estaba clara, iría a desmelenarse. Primero un par de copas para empezar bien la mañana.

La única persona visible era una chiquita mona que se mordía las uñas. Ante mi presencia apartó las manos de su boca y mostró una bonita sonrisa, casi-casi de felicidad.

Descansando sus posaderas sobre la butaca mataba el tiempo mordiéndose las uñas. Habían transcurrido un par de horas y ni un cliente había asomado por la puerta. Esto debía de ser muy próximo a lo que llamaban felicidad… Alertada por el chillido de la puerta giró la vista y descubrió a un buen mozo que daba la sensación de haber dejado un gran peso atrás. Mientras se ponían manos a la obra él pensaba: estará casada pero no le gusta trabajar con alianzas ni anillos. Ella sencillamente, será maricón. Quién si no pediría un corte tan próximo al cero.

Si bien el lenguaje corporal, ése que no necesita de palabras, comenzó a fluir. Sería el involuntario roce de sus cuerpos en todo el proceso. O los efluvios de perfumes (y algún que otro alcohol) mezclados con olor a lluvia. O las pasiones soterradas tan próximos a un sábado noche.

Ella sugirió rematarlo con un masaje capilar, él se dejó arrastrar por sus manos. Ella pensaba en un número de teléfono, él en una (y muchas) noches para el recuerdo…

Tal vez porque el masaje se había extendido ahora al cuello, tal vez porque el tiempo pareciera no correr para él, tal vez porque ella anhelara rematarlo ahí mismo con un beso. El agua fría puso fin a todas esos momentos. Ella alzó la voz, son quince cincuenta. Él replicó, necesitaré un champú para el pelo.

La noche del sábado la pasó mordiéndose las uñas pensando en su cuello. Él, tirándose de los pelos. Quería para sí a aquella peluquera pero la resaca y desmemoria se interpondría entre ellos. La noche le despertó agarrado a un bote de champú e involuntariamente con las manos en el pelo. Nervioso por hacerlo crecer a golpe de tirones, impaciente por poder repetir todo aquello.

septiembre 19, 2009

Relato: ¿Cuánto llevamos saliendo?

Filed under: Relatos — Etiquetas: , , , , , , , — mytemptation @ 7:26 pm

Mi respuesta, ‘apenas un día, si nos conocimos ayer, a última hora en la disco…’. La luz del mediodía nos descubría desnudos sobre su cama.

Esbocé una sonrisilla medio tonta mientras observaba cómo se le encrespaba el vello ante mi respuesta al tiempo que un brillo especial se desprendía de sus ojos. Acto seguido extendió sus brazos y me plantó un beso para el recuerdo. Daba esa impresión de conducir a algo duradero en lo que no era otra cosa que el efímero encuentro de una noche, al menos, de momento.

¿Cuánto llevamos saliendo? ‘Un año, dos meses y tres días…’. Se repetiría la misma escena a mi respuesta, emoción y luego ternura, sellada con un beso. Lo que parecía un encuentro carnal, como otros muchos, se había convertido en una relación estable donde, en ocasiones, las palabras sobraban y gestos como el de hacía unos instantes significaban todo (y más) de lo que había entre nosotros.

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Me había acostumbrado a esa pregunta, que me repetía sin motivo alguno. Lo curioso es que yo respondía con frialdad matemática pero con ansias de recibir mi premio. Y es que por mi parte me quedaría toda una vida recogido en sus brazos, atrapado en sus besos.

¿Cuánto llevamos saliendo? ‘Doce años y seis días…’. Su pelo había comenzado a blanquear, sus entradas eran ya prominentes. Hasta asomaba alguna larga arruga en su frente pero el brillo de sus ojos no había cambiado, ni tampoco sus tiernos besos.

¿Cuánto llevamos saliendo? ‘No hables, sabes que el doctor te ha dicho que no debes hacer esfuerzos…’. Devolvió la mirada y no me pude resistir a responder en susurros al oído ‘Cuarenta, hoy hace cuarenta años…’. El momento quedó interrumpido, un zumbido de una de las máquinas del hospital llenó la sala de médicos. Me quedé sin ese último beso. Tuvieron que pasar cuarenta años para descubrirme solo en la vida ya sin su última muestra de cariño.

septiembre 8, 2009

Relato: luna de verano

Filed under: Relatos — Etiquetas: , , , , , , , , , , , — mytemptation @ 8:00 pm

Allí estaba, recién llegado a la playa desde la gran capital. Al final no pudo ser hacerlo acompañado así que me llené de valor y, por primera vez en mi vida, me dispuse a disfrutar de mis vacaciones en soledad.

Oscurecía en una noche de verano por la que asomaba ya una enorme luna. Lo había escuchado en la radio del coche, la noche sería mágica. Así lo imaginé en mi lugar de acogida, un tranquilo pueblecito en el sur de la península.

Viejas leyendas harían de la playa a medianoche un lugar de reunión. Como todo tenía su precio, cabía la posibilidad de hacer realidad tus sueños por una noche a cambio de una mínima tarifa que el mar se cobraría. Pero ese precio no estaba claro pues dice la leyenda que algunos lo habían pagado con la vida.

besos

Arrastrado por el mito y mi necesidad de ver un mar, del que tanto tiempo había estado alejado, llegué hasta su orilla. Viejos y chavales disfrutaban de la puesta de sol en grupitos de los que me sentí extraño, tanto como la incipiente sensación que me comenzaba a envolver, la maldita soledad.

La noche invitaba a pasear. Yo mismo me vi iniciando un paseo que se convirtió en caminata. Llegado un momento me encontré ya lejos del griterío, solo el mar se interponía entre la luna y mi soledad. El reflejo blanco fundido sobre el agua se tornó en un seductor baile. Algo me arrastraba hacia el agua y me decía que era allí donde debía estar. Me quité la poca ropa que tenía y desnudo me dirigí con los brazos extendidos hacia el mar quien me envolvió con sus olas…

Nadie supo explicar cómo regresé a la orilla. Sólo diré que los paisanos del pueblo rodeaban, cual bicho extraño, mi cuerpo tumbado sobre la playa a la mañana siguiente. Hasta que alguien se atrevió a tantear con su bastón por si aún estuviera vivo. Y sí lo estaba, por lo demás no supe nada de mi ropa ni de los recuerdos de aquella noche, supongo que se los cobró el mar. Eso sí en mi mente quedó grabada una extraña sensación de placer mientras los dulces susurros de otra persona no paraban de repetirme: ‘abrázame, abrázame con más fuerza…’.

agosto 18, 2009

Relato: una gotita de mi corazón

Filed under: Relatos — Etiquetas: , , , , , , , , , , , — mytemptation @ 9:23 pm

Alguien rompió su corazón la víspera del día de san Valentín. Pensó que sería díficil recomponer los miles de cachitos punzantes que sentía en su pecho. Presionaban por salir y no por volver a su estado original de persona alegre y un poco soñadora.

Campechano y sencillo, no quería más que le pasaran la mano por su espalda en el momento antes del sueño cuando la noche de invierno los juntaba un poquito más bajo la misma sábana. Cada mañana era el primero en despertar, y pronto acostumbró a sus pupilas, y a su corazoncito, a esa primera imagen del día junto a ese alguien.

La noche de camino al catorce de febrero le costó dormir, su espalda estaba fría a pesar del edredón. Su corazón latía pero de otra manera. Su rostro se sentía aún ardiente de rabia y de lágrimas rotas. Las pupilas le delataron esa mañana, no supieron reconstruir esa imagen que ya no se repetiría y a la que estaban tan acostumbradas. Puede que también colaborara una lagrimilla perdida…

donacion-de-organos

Se decidió a renovarse por fuera y por dentro. Una ducha fría en pleno invierno y por qué no un caprichito de camino al hospital donde trabajaba. Era más temprano de lo habitual y no había nada abierto. Hacía frío y aún le quedaba media hora para fichar así que tras una rápida mirada se cobijó en el grupo de hemodonaciones, recién inaugurado.

Le sorprendió una sonrisa cálida a la entrada, la que parecía la única persona en el lugar. ‘Buenos días, sí que hemos madrugado. Estamos recién abiertos’. Balbuceé un ‘…días’ y su gentil mano me condujo a la sala con un ligero toque en mi espalda. En ese instante mi corazón latió con fuerza.

‘Si me vas rellenando este formulario, la doctora vendrá en breve’. No era mi intención donar sangre, pensaba para mis adentros, pero sólo volver a sentir mi corazón tan vivo merecería la pena así que añadí ‘soy médico, trabajo aquí mismo’. ‘Pues entonces túmbate’ añadió junto a un nuevo roce en mi piel…

Desconozco si fue el contacto físico de mi brazo con su mano cubierta de latex. O si fue su semptierna sonrisa en todo el procedimiento. O la mezcla de profesionalidad y cercanía, su calor. No cruzamos más palabras en el proceso, sólo miradas. Al finalizar una palmadita en la espalda: ‘Y recuerda nada de ejercicio físico en el día de hoy (si supiera…). Y lo más importante: Vuelve!’

No supe cómo reaccionar, si acaso se refería a cuando acabara su turno o al cabo de seis meses para la próxima donación…

agosto 11, 2009

Relato: Claro de luna – Moonlight sonata

Filed under: Relatos — Etiquetas: , , , , , , , , , , — mytemptation @ 5:13 pm

He recibido un relato que dice estar basado en el escrito del músico Enrique Baldovino: Beethoven pasaba por unos días de profundo decaimiento debido al fallecimiento de su protector, un príncipe de Alemania, que era como un padre para él.

El joven compositor sufría una gran carencia afectiva, pues su padre fue un alcohólico contumaz y lo agredía físicamente. Falleció en la calle, por causa del alcohol. Su madre murió muy joven. Su hermano biológico nunca lo ayudó en nada, y, a todo esto se sumaba, el hecho de agravarse su enfermedad. Síntomas de sordera, comenzaban a perturbarlo, al punto de dejarlo nervioso e irritable.

Beethoven solamente podía escuchar usando una trompetilla en el oído. Él cargaba siempre consigo una pizarra o un cuaderno, para que las personas escribiesen sus ideas y pudiesen comunicarse, pero se desesperaba.

Notando que nadie lo entendía, ni lo quería ayudar, Beethoven se retrajo y se aisló. Por eso conquistó la fama de misántropo. Por todas esas razones, el compositor cayó en una profunda depresión. Llegó a redactar un testamento, diciendo que se iba a suicidar.

El ánimo e inspiración le llegaría de quien menos lo esperaba, una chica ciega que vivía en la misma modesta pensión, a donde Beethoven se había mudado. Esta chica le dijo una vez casi gritando: “Yo lo daría todo por ver una Noche de Luna Llena”.

Al escucharla, Beethoven se emociona hasta llorar. Por lo menos, él podía ver. El podía escribir su arte en las partituras. Recuperó la voluntad de vivir y se propuso hacerle sentir a la chica, mediante su música, lo que no podía ver. Para ello introdujo en su tema, una melodía que imita los pasos vagos de quienes llevan el féretro mortuorio de su príncipe protector.

Acordándose de la chica ciega, como preguntándose el por qué de la muerte de aquel mecenas tan querido tradujo, a través de la melodía, la belleza del cielo plateado en una noche bañada por los claros de luna para alguien que no podía verlo con los ojos físicos. El resultado fue una de las piezas musicales más bellas de la humanidad: la sonata “Claro de Luna”.

Algunos estudiosos en música dicen que las tres notas que se repiten, insistentemente, en el tema principal del primer movimiento, son las tres sílabas de la palabra “¿por qué?” en alemán.

Y todo gracias a aquella chica ciega, que le inspiró el deseo de traducirle, en notas musicales, una noche de claro de luna…

agosto 8, 2009

Relato: el sexo perjudica seriamente a la salud

Filed under: Relatos — Etiquetas: , , , , , , , , , , — mytemptation @ 7:02 pm

Llegó el día de la confirmación oficial, la combinación de sexo y tabaco perjudicaba seriamente a la salud. Se decidió informar a los medios y a la ciudadanía un fin de semana para no generar un exceso de alarma. En un mes, los condones llevarían los mismos lemas que las cajetillas de tabaco nos tenían acostumbrados…

El estupor fue general pero siempre existió la sospecha. Los casos se habían multiplicado desde comienzos de siglo y las pruebas ahora resultaban más que evidentes. Se recomendó la sencilla regla de optar por uno o por otro, tabaco o sexo, sexo o tabaco.

malboro

Yo lo tuve claro desde el principio sexo, sexo, sexo. Es más, no llegué a probar el tabaco salvo unos pocos porros en la adolescencia a los que no sube sacar demasiada sustancia… Pero el lunes se presentaba terrible, para entonces sería evidente que la gente habría tomado una decisión. El humo de los cigarros por la calle llevaría a identificar a los valientes que habrían decido seguir adelante con su vicio y renunciar al otro. Las miradas se fijarían en bolsos y bolsillos para comprobar si contenían o no cajetilla. Si el bulto que asomaba era el del vicio, o era otro.

Chequeé en mi memoria, uno a uno, los nombres de mi chorvo-agenda para poder valorar los daños, y pronto me di cuenta de que más del setenta por ciento fumaba. Me dio tal bajón que casi pierdo el sentido. En la agenda había nombres irrenunciables de los que aún no sabía cómo me iba a poder privar. Fue tal el estado de nerviosismo que mi acompañante en la cama me sorprendió al alzar su voz: “Tranquilo, verás como todo se calma. ¿Un cigarrillo…???”.

julio 20, 2009

Relato: a dos velas

Filed under: Relatos — Etiquetas: , , , , , , , , , , , — mytemptation @ 6:59 pm

Me fijé en un curioso detalle de su apartamento, ese par de velas situadas sobre un televisor que nunca veía. ¿Un olvido, un detalle decorativo,…? O, tal vez, que inconscientemente un día decidió apartar ciertos objetos que sencillamente no veía su vida. La tele con su mando, y alguna que otra cosilla a la que alcanzaba ya el polvo de lo lejano. Por ejemplo, unas velas con todo lo que hay detrás y pocos veían: una relación de pareja, eso tampoco lo veía.

agua

Recordó que en las pelis, siempre hay esa típica escena romántica a la luz de las velas. Y entre que las horas de sol en verano se prolongan y que la noche las pasaba pensando en lo que no tenía ni podría compartir, pasaban y pasaban así los días del calendario.

Supongo que tenía todos los ingredientes, bastaría con recurrir al frigo, encender el horno, tomar las velas y encender también éstas. Reducir la luz de ambiente, tomar también una mesa y dos sillas para darse finalmente cuenta de que todos y cada uno de los pasos era perfecto, pero que esos ingredientes no servían para llenar ese vacío que tenía dentro. Tan vacío como esos objetos que seguían sin aportar nada a su vida, una tele con su mando y un par de velas hacía largo tiempo… apagadas.

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