Everything but temptation

abril 30, 2009

Relato: Libros

Filed under: Relatos — Etiquetas: , , , , , , , , — mytemptation @ 7:31 pm

 

Su pasión eran los libros viejos. Lo podías ver en el paseo marítimo, cada tarde, en su pequeño puesto de madera rodeado de cajas de cartón repletas de libros y más libros, él lo llamaba su casucha. De conversación afable, bastaba con mirarle a los ojos para que su expresividad te embriagara del placer de la palabra, del goce de la cultura envuelto entre las tapas y cubiertas de los libros.

Los niños miraban de reojo al hombre al pasar para luego dirigir su mirada a los libros. Existía un extraño magnetismo para alguno de esos chicos que se quedaban clavados ante grises portadas de aventureros y héroes durante largos minutos sin siquiera pestañear y con la boca bien abierta. El gancho era perfecto pues nuestro librero colocaba en la primera fila del puesto los libros para los más pequeños, ésos que por su estatura apenas alcanzaban a atisbar sobre un mundo que aún no estaba a su medida.

Aquellos valientes que pedían a sus padres un libro y los suyos despreciaban la sugerencia desconocían que tendrían su recompensa. Nunca permitió que el deseo de un pequeño lo alejara de uno de sus libros. Por sorpresa de regreso del paseo en familia, estos valientes descubrían en la lejanía a nuestro librero esperando con el título en la mano. A cambio sólo pedía una sonrisa que muy dentro suyo tornaba en satisfacción absoluta. ‘Son el futuro’, replicaba ante unos padres que ya no podían rehusar el ofrecimiento y demasiado tarde, pues tampoco nuestro librero aceptaría jamás ninguna de sus monedas.

En los ratos de calma lo podíamos oír bisbisear y pasar hoja tras hoja en sus lecturas sentado en un viejo sillón mientras el sonido de las olas del mar, una ligera brisa y el sol ya en poniente completaban la escena.

Con el pasar de los años se popularizó la feria del libro y otros puestos se unieron al suyo durante una semana. Los había modernos y actuales ‘llenos de color y poca letra’ decía con desprecio pero había puestos de libros viejos regentados por almas parejas que hacían de esa semana un absoluto goce. Sus ojos brillaban de otra manera esa semana rebuscando entre viejas ediciones para indefectiblemente acabar la feria con más libros en su puesto de los que había iniciado.

Fue ese mismo año cuando se comenzó a comportar de manera extraña, casi a la par le comenzaron a acompañar unas gruesas arrugas en su cara y unas sempiternas gafas, esta vez más gruesas. Rarezas tales como no querer vender ciertos libros aunque los tuviera expuestos, o cobrar distintos precios según el demandante. Es más, cada vez eran muchos más los libros en las cajas y menos los que tenía a la venta. Cada día eran más las horas que pasaba bisbiseando sobre el viejo sofá, con esas gafas que apenas dejaban entrever unos ojos cada vez más chicos y llorosos.

Al año siguiente, en la feria del día del libro acompañado por su bisbiseo sólo presentaba un título en todo el puesto mientras miles de ellos rebosaban en cajas por doquier. Nadie llegaba a comprender el porqué de esa situación, incluso si alguien se hubiera detenido en el detalle era igualmente extraño ese torrente inusual en sus ojos. Sólo un pequeño valiente se acercó esa tarde con la expresión en la cara por todos conocida. Nuestro viejo librero sin poder alzarse de la silla divisó por largo tiempo algo pequeño al otro lado del puesto e instintivamente otorgó su premio. Al instante, se levantó una agradable brisa.

Lo encontraron inerte en su puesto con los últimos rayos de sol del día, esbozando una sonrisa. Alguien indagó y acabó sabiendo que había perdido casi toda la vista hacía años, que apenas alcanzaba a atisbar ya sombras, que los libros que almacenaba fueron todos aquellos que logró dejar grabados en su memoria. Perdería la vista pero nadie puedo acallar su bisbiseo donde el pasar las hojas de los libros y su tacto fue la única costumbre a la que nuestro viejo librero se prometió jamás renunciar hasta el último de sus días.

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5 comentarios »

  1. Libros viejos, olores tiernos.

    Comentario por Sísifo — abril 30, 2009 @ 9:50 pm

  2. Te ha salido un relato precioso y con mucho sentimiento, yo ahora me encuentro devorando ávidamente una de mis adquisiciones de esta semana y la verdad es que nunca dejaré de disfrutar al leer, al igual que me pasa cuando mis ojos se cuentran con tu blog.

    Besos.

    Comentario por Reikjavik — abril 30, 2009 @ 11:34 pm

  3. Con la miopía que tengo ya no sé si hacer lo mismo que ese librero amante de los niños y aprenderme mis libros favoritos de memoria. Hermoso relato 🙂

    Besos

    Comentario por Nanny Ogg — mayo 1, 2009 @ 5:17 pm

  4. Me ha encantado , es precioso…

    Besos con azúcar glasé.

    Comentario por Maritoñi — mayo 1, 2009 @ 8:09 pm

  5. siento no ser original, pero… precioso 🙂
    un beso

    Comentario por ana — mayo 4, 2009 @ 5:05 am


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