Dicen que es malo vivir solo porque en algún momento necesitarás que alguien te quite la ropa… Porque claro, hay emergencias que necesitan de una mano amiga.
Pensemos, y pongamos por caso: una lesión de un miembro… Podría llevarme a que por la noche no pudiera ponerme el pijamita. ¿Qué hago?¿A quién llamo?¿Dónde está esa mano amiga?…
La cosa se podría poner peor, esa misma lesión en verano. Y dado que los pijamas son para el invierno, me entra el irremediable deseo de pasar un hielo por mi tersa piel.¿Qué hago?¿A quién llamo?¿Dónde está esa mano amiga?…

Siento descubriros esta cruda realidad pero creo que estáis comenzando a comprender la dura vida de todos los que vivimos solitos. Así, que no seguiré con los ejemplos, para que no sufráis más con esto de las urgencias sin compañía.
Sólo una última cosita, ahora para pediros ayuda. Estoy completando una agenda con números de teléfono y habilidades para este tipo de casos por si podéis contribuir. Lo típico, te da un apretón con lo del miembro y saber dónde tienes que llamar… por lo de la mano amiga, digo.
Adiós. Verano tiene nombre llamémoslo jota o efe, qué más da. Verano me dice, entre sábanas, que lo nuestro no puede ser. Que lo que apenas ha comenzado es ya un punto final. Y que además la caldera no funciona con lo que a la mañana siguiente, para acabar de digerirlo, me toca ducha fría.
Verano me dio la espalda hace un par de noches en la cama. Nunca había dormido de espaldas a nadie. Y así, en la oscuridad, pude leer sobre su dorso lo que ninguno de los dos se atrevía a expresar en voz alta. Callado y acurrucado mi cabeza juntaba palabras no-escritas que no quería ver, rememoraba besos que no se volverán a suceder… Mientras mi impulso natural era recuperar todo aquello con una simple caricia mi desánimo racional me impulsaba a cerrar los ojos para olvidar lo que ya no existe, ni es.
Ufff, cómo decir adiós sin decirlo. Cómo alejarse sin que resulte doloroso (porque duele). Y es que anoche dolió más, cuando a todo lo anterior se unió su voz con la cruda realidad.

Bajo las escaleras tras la ducha fría mientas me voy despidiendo de rincones que traen cálidos recuerdos, dejando atrás a esa persona. Prosigo mi camino al tiempo que me resisto a hacer algo que seguro no debería, echar la mirada atrás. Ver por última vez todo aquello que me ha alejado de la rutina y me ha colmado de sentimientos casi olvidados. Está amaneciendo.
Me giro por un instante, y la imagen que me devuelve mi cerebro no es la que pensaba. Mi cabeza se llena de una y mil imágenes mientras que la retina de mis ojos se cubre de una espesa bruma. Puede que tenga que ver con que se me haya escapado alguna que otra lagrimilla…
Acciono el mando del coche sin haber acabado de encontrar la palabra justa que sirva para resumir todos esos instantes. Aprovecho el ruido del motor al arrancar, para que nadie me oiga, y bisbiseo para mis adentros: adiós Verano, adiós.