Me despido del mar y su playa a punto de tomar el coche de regreso a Madrid. Mi cabeza da vueltas en busca de una palabra, un algo que pueda resumir el verano. De repente, fijo mi mirada en el suelo y encuentro la respuesta de otro… Es una caja de condones vacía, allí mismo en la acera. La caja es nueva, como recién estrenada, pero su contenido cero. Le tiro un par de fotos mientras algún viandante me mira extrañado.

Aquí os dejo la imagen, me hubiera parecido un buen final de ser el mío. Sencillo, visual. Prosigo mi camino al tiempo que me resisto a hacer algo que seguro no debería, echar la mirada atrás. Ver por última vez todo aquello que me ha alejado de la rutina y ha llenado mis pulmones y mi cabeza de revitalizante oxígeno y relax. Está atardeciendo.
Me giro por un instante, y la imagen que me devuelve mi cerebro no es la que pensaba. Mi cabeza se llena de caras conocidas, noches y risas mientras que la retina de mis ojos se cubre de una espesa bruma. Puede que tenga que ver con que se me haya escapado alguna que otra lagrimilla… Hasta creo que he acabado con algún nuevo amigo, ains.
Acciono el mando del coche sin haber acabado de encontrar la palabra justa que sirva para resumir todos esos instantes. Aprovecho el ruido del motor al arrancar, para que nadie me oiga, y bisbiseo para mis adentros: adiós verano, adiós.






