[Me lo había prometido una y otra vez, sin acabar de sacar el coraje suficiente para dar voz a aquello que me oprimía. Sabía que había otra persona y tendría que decidir, o él o yo. Parecía de lo más sencillo, parecía…
Necesitado de una terapia, me armé con un rotulador (mi arma de trabajo pues me dedicaba a escribir relatos) y desesperado, mirando a un lado y otro de la casa, sólo alcancé a a tachar de mi vida el día de hoy en el calendario, entonces era 1 de agosto.
Mi extraño subconsciente reaccionó y le sirvió de medicina pues a medida que se sucedían los días tachaba con más energía. Día tras día reuní fuerzas y el 27 de agosto fueron suficientes para poner las cosas claras, ni el otro ni yo, ‘fuera de mi casa…!!!’]
Había soportado toda una larga tarde en consultas del hospital, salvo la última hora que me habían pasado a hemodonaciones. Era pleno agosto y aquello estaba desierto, tan sólo había aparecido un niñato para recoger sus resultados. Parecía alterado, y se notaba, pues unos cercos de sudor asomaban a la altura de las axilas, algo imperdonable para un pijo semejante.
Desgarró el sobre, y no debió entender nada, ‘además primerizo’ alcancé a decirme a mí mismo. Acostumbrado a este tipo de situación, señalé con mi dedo donde lo había hecho en tantas otras ocasiones: Prueba del VIH, negativo. Balbuceó unas palabras entre las que creí entender un gracias y desapareció.
[Me sorprendí de lo rápido del proceso, casi instantáneo. Esa misma mañana había empaquetado sus cosas y se marchó con lo esencial. Dejó amontonadas un buen puñado de cajas para otro día que yo me preocupé de hacerlas desaparecer de mi vista bajándolas al trastero.
Y con la casa semi-vacía yo me sentí pleno, incluso lleno de un extraño orgullo, de algo que me había llevado 27 días decidir...
Y con él se marchó mi tensión, y yo renové mi inspiración.
Esa misma tarde escribí un curioso relato de vidas cruzadas con una extraña sensación muy dentro. Y hubo más, tan libre me sentí que hice una locura y me inscribí en una de esas páginas de contactos. Mis manos se mostraban nerviosas ante el teclado, tenía ganas de relatar mi nuevo yo. Con poco que decir sobre mi estado actual opté por usar una célebre cita de Oscar Wilde: I can resist everything but temptation…]
Así que me quedé sólo en planta con un ordenador y el aire acondionado por toda compañía. Repasé en mi cabeza lo que haría esa noche llegar a casa, cambiar el uniforme por unos bóxer, cenar medio sándwich, encender la tele, coger el sofá y roncar hasta el día siguiente. Una extraña sensación recorrió mi cuerpo y no precisamente fría que cargó y trasladó toda su energía a mi entrepierna… Lo que me faltaba, hacía que no mojaba desde primavera y por muchas señales que me diera mi segundo yo, ahí abajo, esta noche tampoco habría mucho que hacer.
Con la tontería inicié en el PC una sesión en los perfiles, que ya tenía olvidados. Como era 27 de agosto aparecían cuatro gatos, seguro que todos más pringados que yo. Pasé de un tal ‘Óscar Mayer’ y similares (qué poco ingenio en esto de los nick) hasta determe en el único en inglés ‘…everything but temptation’. Mi corazón palpitó y mi cabecita (ya no sé si la de arriba o la de abajo) lo tradujo al instante ‘todo salvo la tentación’, y de lleno que caí…





