De regreso del trabajo, descubro en la calle a un abuelo agarrando las pequeñas manos de su nieta mientras ella se queja de frío. Todo el abrigo de unas grandes manos rodea sus manitas para alejar esa sensación que nadie nos ha enseñado a combatir en soledad.
Para no ser menos mis orejas y mejillas se quejan de eso mismo, y gritan hasta ponerse rojas en busca de una imagen tan tierna como el roce (y calor) de una mano ajena sobre mi rostro.

Por supuesto, sueño despierto pero mi cabeza no se detiene ahí y ahora comienza a enumerar todo lo que va encontrando frío una vez llegado a casa: un sofá, una cama, qué diablos incluso toda una casa son elementos que con el frío se disfrutan de otra manera, y siempre mejor acompañados.
Qué tendrá el invierno que busca algo tan sencillo como el contacto con otro. Lo tengo comprobado, mi cama en verano no se siente de la misma manera que esta noche. Paso la mano por ese otro lado de la cama (el que siempre está vacío) y se hace más presente que nunca, la realidad. Que estoy solo, que ese otro lado esta frío…
Es la incapacidad para experimentar placer, la pérdida de interés o satisfacción en casi todas las actividades. Y es que placer continúa siendo esa palabra difícil de describir pero de la que todos tenemos recuerdo por haberla experimentado.
Hay distintos tipos de placer físico: el producido por el gusto (ciertamente se pueden llevar a la boca muchos tipos de cosas); el producido por el tacto (masaje, placer sexual en sus diversas manifestaciones,…); el placer auditivo (¿la música de lady gaga?), el visual (arte,…), el deportivo (y si no díganselo a mi vecino madridista)…
Alguien nos explica en su blog que sufre de un retardo de placer. “Cuando hago algo que me da placer solo soy consciente de esa felicidad después de haber vivido ese momento. Soy retardado de placer en todo. En todo menos en el sexo. Cuando me corro soy plenamente consciente de mi placer. Es el único momento…”.

Nos hemos convertido en una especie que busca el éxtasis exprés. No hemos acabado de disfrutar una cosa y ya estamos buscando la siguiente… Pasa (y mucho) en el mundo de las relaciones. Nos saciamos antes de empezar, y nos lanzamos a buscar más y más sin detenernos a saborear lo que teníamos entre manos… y a la larga sólo queda el vacío, el retardo en el placer, el recuerdo de lo que ya no está ni estará con nosotros.
Nos recuerda wikipedia que los griegos aconsejaban un placer moderado y consideraban un vicio pernicioso cualquier placer inmoderado. Algo tiene que haber para mí, y muchos otros, a medio camino entre el vicio, el morbo y despertar cada noche solo con poco más que un recuerdo entre las manos…
La noche nos despide a los dos sobre la cama. Unas ligeras caricias de buenas noches y poco más. Esta noche no habrá sexo. Lo sé por el frío de roce de su mano, hoy toca charlita.
Aprovecho la bandido de la oscuridad para deslizar mis dedos sobre la mesilla y alcanzar los tapones. Estoy acostumbrado, escupirá palabras durante un rato sin esperar respuestas. Un ligero sonido de mi garganta a modo de asentimiento le seguirá a cada una de sus frases. Hasta que su voz se vaya apagando, hasta que mis ronquidos se vayan encendiendo.

Desde que descubrí esta regla en la cama no faltan siempre unos tapones a mano en el dormitorio. Los dos liberamos tensión y no nos perjudicamos. El sueño comienza a inundar mi cuerpo pero, en ningún momento, olvido aportar mis ruiditos en esta extraña conversación.
De repente, algo cambia en vez de darme la espalda y callar me planta un beso en la boca, de lo más tierno que puedo recordar. Me temo lo peor y rápidamente despego el tapón de cera de mi oído. Sólo que oigo silencio.
Ahora soy yo el que me paso toda la noche en vela pensando en la que me habrá caído. He despertado la paz en la cama a cambio de haber dicho SÍ (más bien gruñido) a algo que ni sé lo que es… Cojones, menuda papeleta.
Adiós. Verano tiene nombre llamémoslo jota o efe, qué más da. Verano me dice, entre sábanas, que lo nuestro no puede ser. Que lo que apenas ha comenzado es ya un punto final. Y que además la caldera no funciona con lo que a la mañana siguiente, para acabar de digerirlo, me toca ducha fría.
Verano me dio la espalda hace un par de noches en la cama. Nunca había dormido de espaldas a nadie. Y así, en la oscuridad, pude leer sobre su dorso lo que ninguno de los dos se atrevía a expresar en voz alta. Callado y acurrucado mi cabeza juntaba palabras no-escritas que no quería ver, rememoraba besos que no se volverán a suceder… Mientras mi impulso natural era recuperar todo aquello con una simple caricia mi desánimo racional me impulsaba a cerrar los ojos para olvidar lo que ya no existe, ni es.
Ufff, cómo decir adiós sin decirlo. Cómo alejarse sin que resulte doloroso (porque duele). Y es que anoche dolió más, cuando a todo lo anterior se unió su voz con la cruda realidad.

Bajo las escaleras tras la ducha fría mientas me voy despidiendo de rincones que traen cálidos recuerdos, dejando atrás a esa persona. Prosigo mi camino al tiempo que me resisto a hacer algo que seguro no debería, echar la mirada atrás. Ver por última vez todo aquello que me ha alejado de la rutina y me ha colmado de sentimientos casi olvidados. Está amaneciendo.
Me giro por un instante, y la imagen que me devuelve mi cerebro no es la que pensaba. Mi cabeza se llena de una y mil imágenes mientras que la retina de mis ojos se cubre de una espesa bruma. Puede que tenga que ver con que se me haya escapado alguna que otra lagrimilla…
Acciono el mando del coche sin haber acabado de encontrar la palabra justa que sirva para resumir todos esos instantes. Aprovecho el ruido del motor al arrancar, para que nadie me oiga, y bisbiseo para mis adentros: adiós Verano, adiós.
…uno no debiera tropezar dos veces con la misma piedra. Es ese tipo de consejos que nos han coreado de una y mil maneras, con todo tipo de palabras para expresar que no es una buena idea… y, sin embargo, caemos. Y lo que es peor volvemos a repetir. Ni logro entender por qué en contra de nuestros propios razonamientos y voluntad caemos.
Los sábados noche, en particular, se convierten para muchos en eso, más de lo mismo. Toman de la noche a alguien que previamente se encargan de envolver en alcohol, y quién sabe qué más. Se van a la cama con ese algo y se levantan con lo que no es, ni fue, ni será…

Es la lucha contra esa puñetera soledad que nos lleva a enfrascarnos en el fracaso más absoluto. Es una bomba de relojería bajo nuestra cama que nosotros mismos ponemos en hora y con la llegada de la luz del día siguiente se encarga de golpearnos con fuerza en la dura realidad.
Hoy se lo quiero recordar a este amigo con otras palabras pero con el mismo contenido y contundencia. Así te digo de forma muy clarita: ‘Uno no debe acostarse con un tipo con el que no se quiera levantar’…bss
Nunca olvidaré esa primera sensación, en lo íntimo. Nos habíamos conocido esa misma noche, y ya entonces decidimos compartirla en la cama. Pero desde el primer instante todo fue distinto, las connotaciones sexuales desaparecieron para dejar paso a lo que muchos llaman y pocos experimentan… hacer el amor.
Era la forma de rozar con sus yemas cada centímetro de mi piel, era ese ligero temblor que precedió a la penetración, era su mirada extasiada de placer que sólo a mí me dedicaba, eran esos movimientos pausados pero constantes que nos llevaron a lo más alto, era esa sensación de querer atrapar ese instante… Recuerdo el momento de después en que todo quedó en calma y el instante envuelto en un par de palabras, abrázame fuerte.

Dicen que hay experiencias que sólo se gozan una sola vez en la vida, un instante que para cuando nos queremos dar cuenta está ya lejos del alcance de nuestras manos y que sólo quedará en nuestra memoria. Aquí lo he querido inmortalizar con un puñado de detalles, con una palabra por cada vez que mi corazón palpitó aún más fuerte. Aquella misma noche entreabrí los ojos para comprobar que no se trataba de un sueño y que de verdad abrazaba lo que mi deseo anhelaba, era un 27 de agosto.
El próximo 27 de agosto, a medianoche, al mirar al cielo observaremos que el planeta Marte será la estrella más brillante en el cielo, será tan grande como la luna llena. Será como si la Tierra tuviera dos lunas. Está previsto que la próxima vez que este acontecimiento se produzca sea en el año 2287.