- Que el exhibicionista no pare de moverse en bolas por el vestuario. Vale que la tenga grande, o el bíceps, o lo que sea pero recuerdo que aprendí de pequeño que presumir y pavonearse era pecado…
- Que la pijitonta de la cinta de correr seleccione quemar un número justo de calorías, el mismo que disfruta en forma de barrita de chocolate cuando la veo a la salida.
- Que el tío más bueno de todo el gimnasio se ponga a estirar cuando estoy precalentando, es se me sube todo y se me calienta lo que no debe…

- Que el tío que se pone delante de mi clase de body pump guste de enseñar sus gayumbos a todos los que le acompañamos en el justo momento en que se empieza a sudar… y sigue, y sigue sudando el personaje mientras sufro tirando de pesas y conteniendo las arcadas.
- Que lleve años yendo al gimnasio y que nadie me haya dicho aún: ‘Uhmmmm, ¿tú vas al gimnasio…?’, subrayo el uhmmmm.
- Que la sauna sólo me haya servido para lo que sirven las saunas, no sé si me explico.
- Que me miren el culo cuando tiro para la ducha (pues disimuladamente siempre la dejo caer mi sobre el frente). ¡Que estamos en un gimnasio (¿un sitio decente?), dejemos las miraditas para la discoteca!
- Estar terminando de secarme y que el codo presione el botón temporizado del grifo para que un chorro de agua FRÍA empape mi toalla y hiele todo lo que la contenía (yo mismo y mi mecanismo).
PD. Estoy por darme a la bebida (o a la fotografía)…
Estoy en el gimnasio esta misma tarde y se me cruza por delante el David de Miguel Ángel, creo seriamente que es el único chico en que me he fijado en todo lo que llevamos de año (que veinte días son mucho). De veintimuchos, moreno, fibrado y con un característo pelo tipo-rasta pa’arriba (ver foto). Lo que me pone de él es su pelo.

Al tema o mejor dicho a la escena, yo tumbado tirándome el rollo haciendo abdominales y él que se pone a hacer estiramientos… y venga pa’llá que estira la pierna, y venga para el otro lado que estira más músculo y ahora que se pone en cuclillas, así veinte minutos. Mi músculo abdominal no sé pero el del ojo lo he ejercitado más que nunca…
Acabo con lo mío y tiro pa’la ducha, me relajo y es justo al salir que ahí está él con sólo un slip como doblado para adentro que hacía de la prenda medio slip (ya no sé si en una pose cuidadosamente estudiada) y el tipo que se dirige a las duchas. Mira que aún no sé cómo no le he seguido otra vez pa’la ducha para enfriarme un poco… o recalentarme del todo, qué se yo.
En fin, como andaba ya caliente recién llegado a casa no sabía muy bien cómo enfriar lo mío, y he recuperado una compra navideña de bandas depilatorias a la cera fría. He esperado a uno de los días más fríos del invierno para ello, luego he leído en las instrucciones que se referían a otra cosa con lo de cera fría. Tampoco he sabido muy bien cómo hacer eso del contrapelo… Total, que entre tira y tira se me ha recalentado mi poco velludo pecho y como ya venía con los huevos un poco cargados pues que estoy desesperado y creo que sólo cabe una solución a mi problema, sólo en la cama como estoy en esta noche fría de invierno… no doy más pistas. Besos calientes.
En Bilbao conocí un restaurante que ofrece su carta por las temperaturas de los platos que presenta. Y hoy lo tomo como excusa para buscar respuestas en cómo podemos cambiar esto del amor según la temperatura exterior, vamos lo que va del verano al invierno frío. Y es verdad en veranito a uno no le importa ir o venir, incluso trasnochar un poco más pero nuestra rutina se modifica en semanas como las que nos toca vivir. Que qué necesito…

Hoy necesito que me reciban con los brazos abiertos al llegar a casa y no ese gélido abrazo de un hogar vacío a mi regreso diario en un invierno aún más frío. Hoy necesito tocar un cuerpo caliente, sentir unos labios, lanzar un suspiro y no volver a agarrarme a mí mismo para sentir que estoy vivo. Hoy necesito una voz que acalle mis paredes vacías, una risa que llene de color la estancia, un bostezo que anuncie que dos dormiremos unidos.
Volvió a suceder, desperté a medianoche y pasé la mano por ese hueco que reservo para lo tuyo y lo mío. Y no era un sueño era tan sólo yo que volvía a sentir ese frío. Tu voz resuena en la distancia, quiero saber si estás contento, saber por qué aún no has venido. Hablemos sin palabras, dejemos expresarse a nuestros sentidos. Ven, ven conmigo.
Supongo que no hace falta ser muy listo para saber lo que necesito. Sí, es cierto lo que necesito es un buen p….