Cuenta una vieja historia que en los pueblos de Brasil utilizan en las casas un viejo truco para no echar a perder el azúcar. La teoría es sencilla, en los recipientes para la sal introducen azúcar, y en los del azúcar sal. Cuando las hormigas acechan y leen azúcar allá que van, y se encuentran con el repugnante sabor de la sal en sus bocas por lo que salen huyendo. Con lo que el azúcar siempre se salva de los golosos animales y queda ya sólo para disfrute de los humanos.

A mí me pasa algo parecido en el mundo de la noche, cuando leo (y quiero) dulce voy a por ello. Y pasa que encuentro mi lengua con el sabor de lo que no es otra cosa que un mar de sal. Con razón me atraganto y escupo.
Últimamente encuentro a la gente poco clara respecto a lo que quieren y no quieren. Se etiquetan de lo que no son y uno cae en la trampa. Puede que como en la foto me desenvuelva mal como pez en aguas turbulentas, otros dirán siemplemente que la noche confunde pero unos pocos tenemos claro lo que no queremos así que, por favor, no más sal en mi boca.
A lo mejor es que la gente no sabe lo que busca, no crees… un día me vas a tener que llevar por ahí, que veo que te conoces muy bien la noche y yo ando pez. jejej
Besitos cielo
Comment por Alex — Junio 23, 2009 @ 8:33 pm
¿Y acaso tú lo tienes claro? ;-P
Besoo
Comment por Phoenix — Junio 23, 2009 @ 11:12 pm
puf
es complicado librarse de algún bocado salado, maddriz…
pero seguro que después de esta temporada ya hemos cubierto el cupo, no?
un besazo
Comment por ana — Junio 24, 2009 @ 5:07 am
Siempre lo digo: hay que rascar la primera capa para saber qué hay debajo antes de la cata. Esto nos hace desconfiados, pero al final acertamos.
El famoso médico House afirma que todos los pacientes mienten. Gracias a eso salva al 99% de ellos.
Un abrazo,
Comment por Tito Carlos — Junio 24, 2009 @ 10:54 am